Caía la noche y la oscuridad le envolvía. El único haz de luz que le hubiera podido guiar, eligió situarse perfectamente alineado entre la tierra y el sol. Era día de luna nueva, lo que hacía que todo adquiriera un tono más tenebroso de lo normal.
Sara estaba preparada para la misión que le habían encomendado ese día. Era de alto riesgo y no sería fácil, pero estaba acostumbrada a realizar este tipo de trabajos, que solo una especialista miembro de un cuerpo élite como al que ella pertenecía, podría llevar a cabo.
Se encontraba en un lugar remoto en mitad de la selva. El profundo silencio de la noche se interrumpía con los sonidos propios de la vegetación y fauna.
Tenía claro su objetivo. Y la ruta para alcanzarlo estaba bien estudiada. Había realizado el cálculo de tiempo que le llevaría cada fase, cada tramo, cada paso. Sara se había preparado durante años para sobrevivir a este tipo de misiones.
«¡Ok, un último repaso!», dijo para sí misma en voz baja, mientras se recogía su hermosa melena en un apretado y bajo moño, que le permitiera pasar desapercibida y colocarse el casco correctamente. A continuación, revisó todos y cada uno de los bolsillos de su uniforme de camuflaje.
«Sí, lo tengo todo. ¡Vamos allá Sara, tú puedes!» Pensó justo antes de comenzar su aventura.
El primer tramo que debía recorrer comprendía un espacio aproximado de un kilómetro. Sabía que no le llevaría mucho tiempo, pero debía estar preparada para cualquier eventualidad que pudiera surgir. Era una misión de gran riesgo y le podrían estar siguiendo. Entonces, comenzó a deslizarse sigilosamente por la tenebrosa selva…
Se sentía cansada, con los músculos agotados, pues esa semana había sido especialmente intensa. Las duras jornadas de más de 10 horas de trabajo, dejaron su cuerpo exhausto. Pero la misión tenía que completarse con éxito. Solo faltaba un último esfuerzo.
Transcurrido un tiempo, Sara revisó rápidamente su pequeño GPS que le indicaba con precisión su posición geográfica. «¡Ok, 300 metros más!» Estaba yendo en la dirección correcta. Todo iba según lo planeado, por lo que prosiguió su camino.
A la vez que avanzaba, vigilaba siempre sus espaldas. No debía descuidarse ni un segundo. «¡Nunca debes bajar la guardia!», le habían repetido, una y otra vez durante los años de entrenamiento, sus instructores. Entonces, comenzó a divisar la señal que le indicaba el lugar donde comenzaba el nuevo tramo de la misión.
Se trataba de unas cuevas. Sara no sabía exactamente qué se encontraría allí, pero se había preparado ya que estaban habitadas por hienas, unos animales carnívoros y salvajes. Ahora más que nunca, tenía que ir con cuidado. La oscuridad más absoluta le cegó los ojos por un momento. Se puso las gafas de visión nocturna, y comenzó a caminar siempre revisando su mini GPS.
Ya casi divisaba el final de la cueva, cuando de repente… –¡Mierda! – Dijo en voz baja exhalando el aliento. Delante de ella, estaba un grupo de hienas acostadas en el frío suelo de la cueva, justo en la salida, por donde debía pasar. Su cuerpo se estremeció y comenzó a realizar movimientos más sigilosos si cabía, con el fin de no revelar su presencia ante las bestias hambrientas.
Poco a poco avanzó hasta que llegó a percibir el hedor que emanaban. Estaba muy cerca. Las pulsaciones comenzaron a acelerarse, pero no debía detenerse y mucho menos retroceder. El objetivo era claro y, costase lo que costase, tenía que completarlo con éxito.
Las hienas comenzaron a inquietarse. De pronto, Sara tomó aire y comenzó a correr esquivándolas, precipitándose al exterior de la cueva. Los salvajes animales comenzaron a perseguirla desprendiendo sonidos feroces que revelaban el ansia de sangre que tenían. Sara no se detuvo. No miró atrás. Solo corrió en busca del exterior donde le esperaba camuflado un convoy que le llevaría al siguiente punto de su misión. Corrió con todas sus fuerzas. Pegó un gran salto y se lanzó por la ventana cuando el convoy ya estaba en movimiento. «¡Fase 2 completada!».
Ya en el interior del vehículo, se sintió segura. Calmó de nuevo sus pulsaciones y repasó mentalmente el camino que le restaba hasta alcanzar el objetivo final. Tenía por delante aún 45 minutos de camino para recuperar energías.
«¡Ya falta poco! ¡Máxima concentración!», pensó mientras se preparaba para bajar del convoy y proseguir el camino a pie nuevamente. Tenía que atravesar un camino boscoso.
Avanzaba lentamente, ya quedaba poco, pero debía ser muy cuidadosa por donde pisaba, pues esa zona, llena de vegetación, era habitada por una criatura veloz llamada la mamba negra. Estas inquietas serpientes eran letalmente venenosas. Y ese lugar estaba plagado de ellas.
Sin desacelerar el ritmo, revisó nuevamente el GPS solo para cerciorarse de que estaba por el buen camino, a pesar de que ese entorno estaba mejor estudiado.
Por fin visualizó el objetivo. Quedaban apenas 100 metros para alcanzarlo. «¡Vamos Sara, ya falta muy poco!».
Sara llegó a la entrada que le permitía acceder al objetivo final. Justo cuando estaba a punto de cerrarse la puerta, se percató de que el GPS se le había caído. Salió nuevamente, y se abalanzó a cogerlo, ¡en el instante que una mamba negra saltó a atacarla! ¡La esquivó en el último segundo antes de cerrar la puerta! Lo había conseguido. Había completado su misión con éxito.
Pero… orgullo, no era exactamente lo que ella sintió al finalizar la misión.
–Hola hija, ¿cómo te fue en el trabajo? –
–¡Muy bien madre! Esta semana ha sido agotadora, pero estoy muy feliz con mi nuevo trabajo–. Dijo Sara con una sonrisa en la cara.
–¡Qué bien hija, me alegro mucho por ti! Solo estoy muy preocupada porque tengas que regresar desde tan lejos y a estas horas de la noche. Caminar por ese parque industrial, luego coger el metro, y después un bus que te deja a 15 minutos de la casa…Me da mucho miedo hija mía. ¡Hay tanto delincuente y borracho a estas horas! –
–¡Que va madre! No pasa nada. El regreso es muy tranquilo y casi lo hago sin darme cuenta ¡No te preocupes! – fingió Sara con una sonrisa mientras se inclinaba para darle las buenas noches con un abrazo a su querida madre.
Una de tantas historias incompletas sobre Mujeres. Historia 3/12
Autora: Mayte Murillo
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Dedicado a todas las mujeres, que injustamente se ven obligadas a camuflar sus pasos para llegar sanas y salvas a sus hogares todos los días.