La madre pulpo

Una madre pulpo, en el Pacífico, pasa casi 5 meses incubando y protegiendo a sus 56.000 hijos. Guarda en una cueva a sus crías en proceso de crecimiento y se coloca en la entrada para protegerlos. Apenas come un par de crustáceos que pasan junto a ella durante este tiempo. Cuando sus bebés han crecido y ya tienen 8 bracitos que tratan de salir del cascarón, hace un esfuerzo y sopla dentro de la caverna para impulsarlos a salir al mar. Miles de pequeños seres salen alegres hacia la superficie, mientras ella expira mirando su obra maestra alejarse lentamente. Literalmente esta madre pulpo dio la vida por sus hijos. Leo esta historia y la medito mientras veo a mi hijo dormir. Sí, soy madre solo de un hijo y seguro daría la vida por él, pero tengo 56.000 proyectos más al mismo tiempo que cuidarlo y ayudarlo a crecer.

Desde mis cinco años, he estado acostumbrada a hacer mil cosas al mismo tiempo. Entre piano, canto, danza, natación, colegio, inglés, tareas, entrenamiento de perros y familia, casi nunca tuve tiempo para saber lo que significaba tener tiempo libre. A mis 15 años ya era maestra de música y estaba lista para una experiencia de vida internacional. A los 17 viví en Chile manejando, por primera vez en mi vida, tanto tiempo de sobra, que empecé a descubrir otros talentos en mí como la pintura o las manualidades.

A mi regreso, ingresé a estudiar medicina, pero había perdido el ritmo de tener una vida tan intensa. No fue fácil adaptarme a ese mundo nuevamente y terminé perdiendo dos materias. Era la primera vez en mi vida que me iba tan mal en algo y que no había logrado superarme a mí misma. Después de 3 años de muchísimas malas noches y de batallar con injusticias, cansancio y frustración, decidí cambiar de rumbo. Replantearme las posibilidades y, sobre todo, romper el plan que tuve desde siempre y entender que no todo plan es perfecto. De alguna manera, el estar haciendo mil cosas, pero de una sola área, no me hacía tan feliz. Quería volver a la música, a la labor social y a pintar por diversión y no por obligación, como cuando se trataba de hacer algún dibujo anatómico o algún corte histológico.

Cuando ingresé a estudiar comunicación, mi mundo volvió a probar el aburrimiento y momentos libres. Esto me ayudó a redescubrirme y forjar un nuevo plan. En resumidas cuentas, trabajé y estudié al mismo tiempo, volví a la música, volví a pintar. Volví a la labor social y a tener tiempo para amigos, conciertos, películas y viajes. Descubrí que nunca perdí el tiempo pues me convertí en una especie de médico empresarial cuando me formé como comunicadora y estratega. Me di la oportunidad de replantearme nuevamente y dejé todo para irme a la madre patria. Quería descubrir lo que significaba vivir sola, morir sola de la pena o frustración y tener que levantarse y volver a luchar. Santiago de Chile es mi segundo hogar y Barcelona es el tercero. Esa ciudad es como yo, mil cosas al mismo tiempo, mil planes, mil posibilidades y jamás duerme porque tiene demasiado que mostrar al mundo.

Cuando volví, el plan nuevamente dio un giro y encontré a alguien que muchas veces es peor que yo. Un hombre que nunca para. Toca cualquier instrumento que le ponen delante, canta, juega fútbol, hace marketing deportivo y labor social. La música fue el gol de la victoria en nuestra relación y fruto de 3 años de noviazgo, decidimos formar una familia. La locura llegó cuando, apenas dos meses después de la boda, teníamos bebé en camino. Mi hijo se llama Ignacio, es igual que sus papás, hace música, fútbol, pinta, canta y ama compartir con la gente. Tiene 3 años y cada día nos da una lección de vida, sobre todo a mí. Es un niño que mira a sus papás con asombro y que está acostumbrado a ver gente, escucharlos trabajar, salir a reuniones y actividades de los múltiples planes de sus papás y disfrutar de cada actividad.

Ahora mi esposo y yo estamos estudiando el doctorado, trabajamos, somos maestros, hacemos labor social, somos amigos, hijos y padres, sobre todo padres. Mucha gente nos mira con asombro, sorpresa y hasta con envidia; pero a mí, a mi me llega una mirada diferente… En una sociedad como esta, en la que la mujer debe proteger a su cría, a su hogar, es totalmente extraño ver a una mujer que haga todo al mismo tiempo y que aparentemente lo haga bien. Recibo halagos y también preguntas con un juicio por detrás, pero mientras me dedico a disfrutar de ser quien soy y de lo que hago y junto a quienes lo construyo, no me queda tiempo para dar importancia a estos comentarios.

Soy orgullosamente una mamá pulpo, y debo admitir que no es fácil serlo. A veces como el “crustáceo” que se pasa por mi lado, hamburguesa o ensalada, fruta o café, cualquier cosa que sea fácil y rápida de hacer, eso si el tiempo me permite almorzar. A veces no duermo por concluir con los 56.000 pendientes y sigo cuidando a mi hijo, a mi esposo y a mis mini proyectos con la vida; las ojeras no me molestan cuando se acaba un día con una sonrisa. Estoy segura de que, si Dios mañana me diría que debo dejar este mundo, me iría tranquila, viendo a mi obra maestra nadar hacia la luz, habiendo hecho 56.000 mil cosas que llenaron mi corazón de alegría. Quiero que mi hijo mire que en su hogar hay igualdad de condiciones y de oportunidades para hombres y mujeres, quiero que se sienta orgulloso de papá y mamá sin que exista ninguna diferencia de género. Quiero que esté orgulloso de tener una mamá que no solo es mamá, que es una mujer multifacética y feliz; que cuando sea grande, se encuentre a una chica pulpo que lo impulse a ser también un pulpo y que juntos cuiden sus 56.000 planes hasta que se hagan realidad.

Muchas mujeres no quieren ser mamás pulpo, quizás por el miedo al fracaso. Yo, después de tener algunas caídas, ya no tengo miedo. Si tengo tiempo de vida, quiero hacer lo que me haga feliz y hacer felices a quienes están conmigo. Pues cada día que pasa estamos más cerca de la muerte, y si ese día llega y no hemos vivido las 56.000 experiencias que soñamos, nos iremos de este mundo sin haber sentido el orgullo de crear alguna obra maestra para admirarla, no tendremos nada en la mente mientras cerramos los ojos y dejamos de existir. ¡Hay que vivir, viviendo!

Una de tantas historias incompletas sobre Mujeres. Historia 4/12

Autora: María Elena Narváez

3 Comments

  1. Miguel Mendez

    La vida así contada se transforma en una obra de arte. Felicitaciones a su autora.

  2. Carolina

    👏👏👏👏👏👏👏admiración total

    1. admin

      Gracias Carolina por tu mensaje. Seguro nuestra mamá pulpo se pondrá muy contenta con tu respuesta.

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