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Mi pequeño tesoro

-Quedamos por segunda vez. Aunque ya le conocía y me sentía tan a gusto con él, los nervios eran iguales que en la primera cita. Fuimos a comer y volvimos a sentarnos uno frente al otro. Una mesa de distancia entre nosotros. Era mucho espacio para tanta cercanía que ya se sentía… ¿Sabes? Me gustaba verle y me gustaba cómo me miraba. Disfrutaba tanto intentar descifrar su mirada, tenía una mezcla de misterio con ternura que no sé cómo explicarte. Había una complicidad tan linda entre los dos. Era como magia. Pero bueno, así entre charlas y risas infinitas, voló la primera hora. Por suerte, teníamos la tarde entera para nosotros.

-¿Y qué hicieron después?

-Eran las cinco de una tarde de verano soleada, así que nos acostamos en la sombra. Pusimos música y comenzamos a buscar formas en las nubes. Mi corazón latía más fuerte. Y como estábamos tan cerquita, podía escuchar que el de él también. Era perfecto. El césped, el atardecer, la música, él. Se incorporó un poco y comenzó a mirarme. Yo fingía que no me daba cuenta y seguía hablando de las nubes. Y me seguía mirando. Ambos pensábamos lo mismo. Yo moría por un beso suyo, ¡había esperado tanto! Pero no era capaz de verle a los ojos. No sé por qué. Los nervios supongo. Y bueno, él seguía esperando una señal mía, que no llegaba. Se rindió y se volvió a acostar.

-¿Se rindió? ¿Así nomás? ¡No puede ser!

-Espera, espera. La historia no acaba ahí. Le dije que vayamos a un columpio de madera que estaba cerca. El columpio era lo suficientemente grande para que quepamos los dos y a la vez tan pequeño para que estemos juntitos. Así que nos sentamos, arrimé espalda contra su pecho y él cruzó sus brazos sobre el mío. Otra vez. El escenario perfecto. El columpio, el atardecer, la música, él. Comenzó a contarme algo y me giré hacia él, la verdad no le estaba escuchando. Estaba perdida en sus ojitos. Ahora era yo quien no paraba de mirarle. Y él seguía hablando…

-¿Y? ¿No se animaba?

-¡No! Siguió hablando y luego me preguntó si tenía cosquillas. Me reí y asentí. Y entonces… comenzó con un ataque malvado. Yo no paraba de reírme y me movía para esquivarle. Pero no lo lograba, y en cada intento terminaba más y más cerca de él.  Y esas risas rompieron eso invisible que nos separaba. Paró el ataque un rato. Me miró. ¡Qué manera que tenía de mirarme! Sonreí. Le miré. Me reí y hundí mi cara en su pecho. Suavemente acarició mi quijada y me fue separando de su pecho hasta acercarme a su rostro. Sonrió. Y….

-¿Y? ¿Qué pasó después? ¡Cuéntame!

-Adivina

-¡Ay ma!

-Mira nena, para mí ese día es muy especial porque fue un pequeño regalito de mí para mí.  Lo recuerdo cómo si fuera ayer y eso que ya vamos casados quince años con tu papá. Esperé tanto tiempo para encontrar a la persona correcta y cuando por fin llegó, disfruté cada pasito que dábamos. Y te voy a decir algo y espero que esta vez sí me escuches: Tú, tu cuerpo es un tesoro…y tú no le das un tesoro a cualquiera. Acuérdate siempre de eso. Eres muy bonita y vales muchísimo. Aprende a quererte a ti misma. Sólo así podrás querer de verdad y darte cuenta de quién realmente te quiere de vuelta y te merece. Guarda tú también tu primer beso como tú tesoro, y vas a ver que algún día tendrás una historia cómo la mía…

Yo tenía tan sólo 13 años. Vaya edad complicada. La mitad de mis compañeras ya había dado su primer beso en el típico juego de la botella. La otra mitad aún no se animaba. En cambio, yo, desde el día que mi mamá me dijo esa frase decidí que también quería tener un pequeño tesorito. Quería que mi primer beso sea de película y no elegido por una botella. Y que, aunque el mundo esté cada vez más loco y menos convencido del amor, yo esperaría por alguien especial. Y créanme, que, con esta idea en mente, la espera parecía interminable. ¿Será que llega aquella persona? Bueno, esa es otra historia….

Una de tantas historias incompletas sobre Mujeres. Historia 8/12

Autora: Milena Espoz

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2 Comments

  1. David

    Muy linda está historia. La escritora es genial. Kudos

  2. Miguel Mendez

    Felicitaciones Milena. Nos has regalado una estupenda historia, llena de amor y de ternura. En nuestros días ya muy poco se vive esos maravillosos momentos pues parece que el mundo está girando a mayor velocidad que antes. Enhorabuena.

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