He decidido escribir sobre los momentos más difíciles para mi negocio desde que lo empecé. Aprovecho que mis dos pequeños juegan para iniciar.
Inicios del 2015, mi negocio está por cumplir diez años y después de inicios muy difíciles, hemos tenido cuatro años bastante buenos. Por fin en este año tenemos nuestra agenda prácticamente llena hasta junio, “será un año bendecido”. Tengo un hijo de un año y cuatro meses y de una u otra forma he logrado ¨acoplar ¨ mi vida de emprendedora con mi vida de mamá; sin duda ha sido desgastante y caótico en muchos aspectos, maravillosamente caótico, pero cada día lo hacemos mejor mi pequeño y yo, pues él también se ha ido adaptando mientras me acompaña a la oficina cuatro veces por semana, pues aún no me atrevo a dejarlo. Sé que no soy la única mamá a la que le da ese sentimiento de angustia o incluso de culpa por tener que dejarlo, especialmente si es el primero, ventajosamente tengo la fortuna de poder llevarlo conmigo al trabajo.
Mi esposo y yo trabajamos juntos, funcionamos bien y al mismo tiempo me ha permitido estar más cerca de mi hijo, mientras él (mi esposo) redobla sus esfuerzos en la oficina; y más aún con un calendario lleno para este año 2015.
Escucho gritos de locura que me despiertan de mi concentración – en seguida pienso, “¿cuál de mis dos hijos se mató esta vez?” – debo revisarlos y asegurarme de que no sea nada grave; normalmente nos ocurre a las mamás que posponemos varias cosas para asegurarnos que nuestros pequeños estén bien (aplica a varios ámbitos de nuestras vidas).
He podido retomar lo que escribía después de un par de días…
recuerdo el año el 2015 con claridad, pues es la primera crisis dramática que sufrió mi negocio. Con un calendario lleno, el mandatario de turno en conjunto con “los canallas que nos roban la ilusión*”, anunciaron medidas drásticas para restringir o prohibir importaciones, en las que lastimosamente se encontraban prácticamente el 90% de los productos que vendíamos a nuestros clientes. Poco a poco empezaron a llegar las llamadas y mails cancelando lo programado para ese año, pues sin productos o con productos más costosos, no podían realizar sus lanzamientos o campañas de forma rentable. Pasó de ser el año en el que más ventas íbamos a tener, al año en el que casi llegamos a la quiebra.
Después de la crisis del 2015, decidimos con mi esposo que él debía buscar un trabajo con remuneración fija y lo consiguió fuera de la ciudad, así que pasa poco tiempo en casa. Por otro lado, yo me ocuparía de la oficina para mantenerla a flote y levantarla nuevamente.
Del 2015 al 2017 fueron dos años realmente difíciles, ya con dos pequeños, a cargo del negocio, mi esposo lejos, hacer de emprendedora y de mamá, hicieron del día a día una operación logística para lograr cumplir con todo y estar pendiente de mis peques. Por momentos sentía que no lo lograba, pero miraba a mi alrededor a miles de mamás que hacían lo mismo en condiciones realmente difíciles, y me inspiraban.
Inicios del 2020, hace pocos meses pasamos un paro de doce días**, que detuvo nuestro negocio al igual que el de varios emprendedores y empresarios del país. Sin embargo, logramos cerrar un año aceptable y nos esforzamos para tener nuevamente un calendario prácticamente lleno hasta septiembre del 2020.
Ahora tengo cuarenta años y dos hijos, el primero tiene seis años y cuatro meses y el segundo está a punto de cumplir cuatro años. Nuevamente nos espera un gran año, ¡nos levantamos otra vez!, calendario lleno hasta septiembre y con proyectos propios que nos han hecho crecer. ¡Estoy feliz y orgullosa, como emprendedora, como mujer y como mamá!
De pronto llegó la pandemia y todo se detuvo en nuestro sector; tal y como lo conocíamos prácticamente hasta el 2021 no podremos hacer nada (tal y como lo conocíamos recalco).
Aunque me de vergüenza admitirlo, han pasado tres semanas y no he podido reaccionar. He llorado casi todas las noches y he pospuesto el momento de hacer números; que, aunque están claros en mi cabeza, no quiero mostrárselos a mi famoso Excel, pues solo me ratifican lo que ya sabía. No es solo nuestro país, es el mundo entero; empiezo a despabilarme y a buscar alternativas, tal vez no de corto plazo, pero sí de mediano y largo plazo para volver a levantarnos.
Reviso nuevamente los números y empiezo a planificar como cubrir nuestras deudas. Me quedo dudando especialmente en un rubro en particular, “LOS IMPUESTOS”; siempre los he pagado, puntual o tardíamente, pero siempre los he pagado; pero este año estoy pensando en declararme en rebeldía. Sé que debo pagarlos, como mamá siento la obligación moral además de legal de hacerlo, pues siempre les enseño a mis hijos a obrar bien; sin embargo, tengo rabia, asco, frustración y repudio al ver que nuevamente los mismos o los nuevos “canallas que nos roban la ilusión”, abusan de los impuestos y contribuciones que hacemos trabajando ardua y honestamente, para que los “vivos de siempre” se los roben y repartan en todos los rincones del país; pues se creen ¨vivos***¨, cuando son unos simples y vulgares ladrones que despilfarran el dinero que muchas emprendedoras y madres como yo, han aportado y pagado cumplidamente con el fruto de nuestro esfuerzo de días y noches de trabajo. ¡Estoy harta de este sistema! y me declaro en rebeldía, al menos por hoy, por esta noche, me reúso a que me sigan viendo la cara.
Sé que mañana encontraré la manera de ponerme al día con esos “IMPUESTOS” y los pagaré, de alguna forma, pero hoy me niego rotundamente.
Risas y gritos me sacan de mi concentración otra vez. Me levanto y veo como mis pequeños llenos de alegría juegan juntos y en complicidad. Esas risas y esa alegría son razones suficientes para continuar para una mamá…una mamá emprendedora.
Una de tantas historias incompletas de Mujeres. Historia 7/12
Autora: Mayra C.
* Parte de una estrofa de la canción “Yo nací aquí”. Escritor: Juan Fernando Velasco. Ecuador
**Del 12 al 19 de octubre del 2019 se produjo en Ecuador un paro indígena que representó una pérdida económica para el país de 821 millones de dólares. Fuente: Banco Central del Ecuador.
*** Palabra coloquial ecuatoriana para describir a un ladrón que se enorgullece de sus actos.