Track1, track 2

Track1 track 2

Track 1

“…yo, yo no hago más que pensar
y a veces quiero llorar
porque me acuerdo de todo
lo que hemos vivido y ahora no estás…”

Track 2

“…te has llevado solo lo que yo quería
me has dejado bailando bajo la luz del día
solo ha sido
la historia que se acaba cuando sale el sol
y así es mejor…”

Track 1. Track 2. Track 1. Track 2. Track 1. Track 2…

Ahí estaba yo. Un roquero/metalero de corazón, alma y pinta con mi guitarra eléctrica como equipaje de mano, a 15,000 metros de altura en un Airbus 747 rumbo a Miami, viendo por la ventanilla hacia el horizonte mientras “me iba de mocos” escuchando pop noventero, específicamente “No puedo olvidarte” de MDO y “Amores de Barra” de Ella baila Sola…que si pudiera volver en el tiempo iría en ese vuelo solo para darme a mí mismo una buena cachetada para que espabile.

Y es que hace solo un par de horas me había despedido de mis mejores amigos, amigas, familia y mi novia en aquél entonces, porque me iba a vivir a otro país. Y siendo todos ecuatorianos (excepto el Geooooorge), como no podía ser de otra manera, en lugar de celebrar una nueva etapa y tal vez darme algún regalito divertido para mi viaje, decidieron regalarme dos discos de un género musical odioso lleno de música romántica que habla sobre rupturas, peleas y despedidas y tres fotos: una con mis amigos/hermanos de toda la vida, otra con mis amigas en una calle que coincidentemente tenía mi nombre y otra solo mi novia y yo; receta infalible para pasar las siguientes 30 horas de vuelo que venían por delante llorando y añorando lo que dejaba atrás en mi vida.

Obviamente no es una queja. Sus regalos fueron tiernos y llenos de sentimientos. En nuestra cultura latina suele llegarnos mucho más el drama, sobre todo en los aeropuertos, y con esos regalos claramente yo también participé de ese ritual viajero. Desde antes de subirme al avión ya estaba en un solo llanto de lágrimas, tratando hasta el último momento de convencer a mi padre de que me deje quedar en casa de un amigo y prometiendo ir a la universidad como buen niño (ni había preguntado a mi amigo si podía quedarme en su casa ni tampoco tenía muchas ganas de ir a la universidad en esa época), pero le decía cualquier cosa que él quisiera oír con tal de tener ese final de película de Hollywood y regresar corriendo a decirle a todos que me quedaba con ellos.

Pero nunca sucedió. Solo una tajante respuesta de “ya hijo no molestes tanto que tengo muchas cosas que hacer” fue lo que obtuve de mi intento.

Y así, las siguientes treinta horas, que parecieron cien, pasé en el avión haciendo escala en Miami, otro avión, otra escala en Los Angeles, otro avión, otra escala En Nueva Zelanda, otro avión y, por fin, la llegada a mi destino, Australia, en donde desembarqué de día con un sol asombroso, gente espectacularmente amable por todos lados con un acento incomprensible y con una extraña sensación de que algo muy genial estaba a punto de suceder…

Por cierto, hasta el dia de hoy, dos canciones infaltables cuando voy a un Karaoke son la de MDO y la de Ella baila Sola.

Una de tantas historias incompletas sobre viajes. Historia 10/12

Autor: Diego Méndez

2 Comments

  1. SUSANA

    Recuerdos

  2. Miguel Mendez

    Lo que hacen los padres por el bien de sus hijos quienes, por lo general, solo ven el un lado de la medalla cuando son adolescentes sin caer en cuenta que cada paso que dan es una semilla que se pone en suelo fértil para su beneficio futuro. Pregunta: te arrepientes hoy? Excelente historia incompleta. Felicitaciones a su autor.

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