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El Doctor

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Mi historia de amor es como cualquier otra…

La pantalla del computador mostraba una pared vacía y la luz roja parpadeante de la cámara encendida me recordaba que la transmisión continuaba, pero era de una sola vía, una conexión rota. El silencio llenó nuestro cuarto, pero mi cabeza estaba llena de ideas y de dudas. Este definitivamente no era el resultado que yo esperaba. ¿Qué estaba pasando al otro lado?

Van a ser más de diez años desde que me había mudado a esa ciudad. Un fin de semana de un mayo, inusualmente cálido, un par de amigos colombianos me invitaron a una fiesta. Allí estaba él, un doctor interesante, tímido pero chistoso, y, lo mejor de todo, que se ve interesado por mí. La fiesta y el tiempo pasan, la gente comienza a irse y con ellos él. Otra oportunidad perdida, pensé. No era la primera vez que dejaba pasar el amor.

Cuando desperté al día siguiente, me encontré con una sorpresa en mi teléfono. El doctor me pidió como contacto por una de las redes sociales en línea. Mi corazón se llenó de emoción y de ilusión. Sabía que esto podía terminar en un corazón roto o en un corazón lleno. En seguida lo acepté. Todo pasó tan rápido porque ya para la tarde siguiente habíamos acordado nuestra primera cita en la terraza de Monona, lugar donde nos tomaríamos un trago. Tardé casi una hora en encontrarlo porque estábamos en pisos idénticos pero diferentes. La tarde se volvió noche en un abrir y cerrar de ojos, la conversación y la química fluían sin dificultad, los minutos se diluían y hasta del alcohol nos olvidamos.

Los primeros meses de una relación son así, nuevos, curiosos, llenos de ansiedad, llenos de anticipación. Que rico es enamorarse. El tiempo se arrastra lentamente cuando no estás a su lado y corre cómo un venado cuando estás con la persona que amas. Nuestra relación estaba en su mejor momento cuando unos amigos decidieron mudarse a Nueva York y necesitaban dejar su apartamento con alguien de confianza. Así fue como decidimos vivir juntos. Yo tenía miedo porque este paso podía resultar el final de algo maravilloso. Un día cuando estábamos de paseo, decidimos ir a mirar las mascotas en adopción y nos enamoramos de un perrito. Él era muy singular. Según el veterinario nuestro perrito tenía tantos defectos que quería nuestro consentimiento para usar los datos para un estudio. Eso solo nos hizo amarlo más. ¿Quién quiere ser igual que los demás cuando puedes ser único?

Esta historia de amor es como cualquier otra. Seguro tú también te enamoras, vives el amor ciego, la infatuación, las discusiones, las peleas, los arreglos, la estabilidad y, al final, el matrimonio. El contrato que liga a dos personas cuasi permanentemente y que le grita a la sociedad que nos pertenecemos y que, aunque somos libres, dependemos del otro.

La luz roja continuaba su parpadeo incesante hasta que hubo nuevamente movimiento del otro lado de la transmisión. La familia de mi doctor había regresado al otro lado de la cámara. La familia de mi esposo vive muy lejos y la noticia de nuestro matrimonio además de sorpresiva, fue a larga distancia, por video llamada. Y aunque al principio les costó un poco, muy pronto llegamos a querernos como la familia que somos. Nuestra boda fue encantadora. Llena de amigos y familia, bebimos y bailamos, lloramos y reímos, comimos y cantamos.

Ha pasado mucho tiempo ya desde ese 30 de mayo del 2010, cuando escuchamos vallenatos y tomamos aguardiente en esa fiesta colombiana. ¿Ven? Mi historia de amor es como cualquier otra. Yo soy su esposo y él es mi doctor.

Una de tantas historias incompletas de Amor. Historia 9/12

Autor: Maudiel Carrera.

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2 Comments

  1. Larissa

    Solo el amor engendra la maravilla; Hermosa historia ❤️

    1. admin

      Muchas gracias Larissa. En efecto el amor es maravilloso.

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