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Magia

Soy hija de mi madre y ella, a su vez, de una madre que entregó su vida a sus hijos, incluso cuando estuvo al borde de la muerte durante meses, hasta que yo nací. Encuentro difícil plasmar los hechos en orden cronológico, así que esto será como una tormenta de palabras y de varios acontecimientos que hacen que yo crea en magia.  

Mi abuela Hortensia, a quien no tuve el privilegio de conocer, murió un día después de mi nacimiento, y mi idea de que la magia existe es, en parte, porque pienso que, de alguna manera divina, ella vive en mí. Ella es el ángel de la guarda de toda la familia… me gusta pensar que hay en mí algo especial.  

En 1987, Gustavo y Laura, mis papás, llevaban algún tiempo juntos y para ese entonces ya habían decidido casarse. La fecha tentativa sería cercana a abril del año siguiente, pero el matrimonio se adelantó, se casaron el 30 de diciembre de ese mismo año.  Yo nací el 23 de julio de 1988, y no, no fui sietemesina.   

Mi abuela llevaba un buen tiempo con cáncer y había decidido no tener mayor intervención médica, quería vivir sus últimos días tranquila en casa. Esto último, y el hecho de que yo viniera ya en camino, fueron las mayores razones para que mis padres decidieran que su matrimonio fuera en épocas navideñas, así podrían tener a gran parte de la familia reunida. Mi madre tenía vergüenza de contarle a mi abuela que estaba embarazada, pero es bien sabido que las mamás son un poco ‘brujas’, así que, cuando estuvieron hablando del vestido de novia y demás asuntos de la noche de bodas, le dijo: “Mija, cómprese un brasier una talla más grande, a uno le crece el busto cuando se casa”. Ella lo encontró extraño; no se imaginaba que doña Hortensia ya sabía exactamente lo que le pasaba a su niña mimada de 20 años.  

Había sido la hija consentida y protegida de la casa, pero su proceso de gestación no fue fácil. Nació y ya era tía, sí tía; su hermana mayor y su mamá habían estado embarazadas al mismo tiempo, mi prima había nacido el 2 de diciembre (el mismo día en que cumple años mi hermana menor) y mi mamá nació en abril del año siguiente. Doña Hortensia tenía 42 años y había llorado gran parte de su embarazo, le avergonzaba que su hija mayor también lo estuviera, y el hecho de su avanzada edad.   

Mi mamá dice que su niñez fue muy tranquila, pero a la vez hubo mucho sufrimiento. Durante su juventud su madre se enfermó, y fue ella, la misma niñita consentida, quien prácticamente tuvo que hacerse cargo de gran parte de la enfermedad. No creo que fuera fácil, con 18 años, la mamá con cáncer, sabiendo que, pese a tener 10 hermanos mayores, sí 10 (la mayoría ya habían salido de casa o estaban formando sus familias), solo le quedaba la opción de ser ella misma la responsable del cuidado.  

El lazo de mi mamá con mi abuela fue muy fuerte, pero a la vez un tanto lejano. Le he oído anécdotas como la del brasier y, al mismo tiempo, me ha hablado de sentir lejanía en su comunicación o en sentirse amiga de su madre. Asumo que fueron épocas diferentes, y es este uno de los motivos por los que también creo en magia. Tengo la suerte de decir que a mis casi 32 años mi madre es mi amiga de verdad, sin mentir le cuento todo, o prácticamente, y creo que no muchas personas pueden decir eso. Tuvo contracciones en la madrugada del 23 de julio de 1988 y dice que no demoré mucho en llegar, al medio día ya había nacido. También me contó cómo la noche anterior le había dado las buenas noches de una manera especial a mi abuela, o, al menos, ese es su recuerdo.  

Mis padres vivían en la puerta de enfrente del apartamento de mis abuelos, y mi mamá se había enamorado del vecino al que mi abuelo alguna vez le había prohibido hasta el saludo. Pero para eso también existe la magia, para los amores imposibles, donde los brillitos y las chispitas llegan de donde menos los esperas. El vecino era un joven universitario de 23 años que vivía con otros 3 hombres. Llegó a su vida casi colándose en una relación de 3 años; me encanta cómo él dice que al saludar al guardia del edificio le decía que la chica del segundo piso, la del papá bravo, iba a ser su novia… Magia, ¿no creen? 

Después de que naciera, mi papá fue a hablar con mi abuela y le contó que yo estaba sana y con salud… a la mañana siguiente descansó… Su hija menor había cumplido el sueño de ser mamá y seguro le había crecido el busto. Mi mamá no pudo ir al entierro de su propia madre por cuidarme a mí; eligió pensar que no vine a reemplazarla, ni que soy su reencarnación ni nada por el estilo; prefirió pensar que, de alguna manera, hice esa partida menos dolorosa, y le tomó años hacer un duelo apropiado, tal vez fue mi abuela quien estuvo ahí presente hasta que lo sintió necesario… Esto también podría ser magia, o serendipia, porque en la vida las cosas pasan en el momento preciso y puede que nos tome años entender por qué o nunca comprendamos la razón o el propósito de los hechos.  

Mi nombre es Laura Peláez, yo creo en magia y en historias con “brillitos y chispitas”, aunque no siempre sean chispitas de luz, pero creo en magia, tal vez creo más de lo que un adulto debería, pero creo y seguiré creyendo.  

Descripción:  

Creo que todos deberíamos grabarnos esa frase del “Principito” que habla de ver con el corazón, sabiendo que lo esencial es invisible a los ojos… Para mí es un principio de vida.  

Una de tantas historias sobre mujeres. Historia 12/12

Autora: Laura Peláez

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