45 días de un encierro a la fuerza

45 días de un encierro a la fuerza. Increíble yo fui el tonto quien dijo que viendo las proporciones de lo ocurrido en Wuhan deberían ponerse de acuerdo todos los líderes del mundo y guardarnos 30 días todos al unísono. Hoy parecen eternas las horas que hemos pasado tras cuatro paredes, me siento bendecido de estar junto a personas amadas y sabiendo que ningún ser querido ha sucumbido a este virus que ya va cobrando más vidas de las que algunas personas pensaron. A ratos es incontrolable sentir tristeza pues parece no tener fin. No, no me refiero a la pandemia, me refiero a la miseria humana, que ante la impotencia de todos nos muestra a diario el egoísmo de quienes hacen caso omiso a la restricción no por necesidad sino por necedad y qué decir de quienes gobiernan mi país, que no se conduelen de un pueblo sumido en una pobreza generada por ellos mismos y sus antecesores y una vez más aprovechan para llenar sus bolsillos de dinero. Otra vez me detengo a pensar en lo afortunado que soy, puedo quedarme en casa, mientras me entero que la esposa de don Jorge el panadero del barrio que necesita sus ingresos diarios para mantener a sus tres hijos y a su madre se encuentra en estado de gravedad en algún hospital pues se contagió del virus, ahora la mitad del barrio sufre porque salían a comprar el pan en aquel lugar. Ahora no se sienten tan ajenos, tan valientes, tan sobre humanos… ¡Vamos! por los que valen la pena, una semana más.

Una de tantas historias incompletas de una Pandemia. Historia 10/12

Autor: Andrés Acosta

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