Enfermo de patria

Orgulloso de las tres sílabas que formaban el nombre de su país, veía el mundo a través de ellas. El sentimiento de pertenencia era tan fuerte que justificada cualquier deficiencia de lo que creía suyo.

Antonio Vidal sabía lo que necesitaba de la historia de su nación y utilizaba la patria como un arma defensiva, como herramienta del miedo contra aquellos que no consideraba vecinos. Reaccionaba con odio ante los cambios y creía, fervientemente, que cualquier mutación de lo que tenía por válido era perjudicial.

Por más que se opusiera a admitirlo, veía que su mundo estaba cambiando, que las fronteras se estaban diluyendo y comenzaban a darle a otros lo que a él y a los suyos les correspondía.

A menudo, se veía obligado a cuestionarse quiénes eran los suyos: sus amigos habían volado hacia otros destinos en busca de una mejor suerte de la que encontraron en su ciudad natal, sus vecinos tenían nombres que no podía pronunciar y se sentía extraño, cada día más diferente en un momento en el que percibía que se desnaturalizaba la palabra igualdad.

Antonio Vidal estaba seguro de que pertenecía a un grupo de “elegidos” que se acercaban a “la verdad”. Sentía rechazo por aquellos que se dejaban persuadir por los medios, por no ser capaces de ver la manipulación detrás de cada información.

Amaba a su país de esa manera a la que él estaba acostumbrado a amar: entregándose apasionado y dejando de lado el resto de su vida, de manera posesiva.

Vidal ocultaba sus complejos tras los colores de su bandera y defendía con uñas y dientes lo que había aprendido, sin demasiadas palabras, con una determinación casi irracional. Tal vez, por verse incapaz de mirar más allá de su ombligo, por tener una  visión del mundo que se dividía en “tuyos” y “míos”.

La única riqueza de Antonio Vidal radicaba en su sentimiento de pertenencia casual a su nación. No era patriota, estaba enfermo de patria, como tantos otros que comparten las sílabas del sitio en el que nacieron por caprichos del azar.

“Ver lo que está delante de nuestros ojos requiere un esfuerzo constante.”

George Orwell

Una de tantas historias incompletas sobre Pobreza. Historia 10/12.

Autora: Maravillas García.

8 Comments

  1. JUAN PEDRO MORAL MARTIN

    ¡Muy interesante!

    1. admin

      Gracias Juan por tu mensaje.

  2. Juan Pedro

    Claro y conciso. Enhorabuena!!

    1. admin

      Gracias Juan Pedro por tu mensaje. Maravillas estará muy contenta con tu comentario.

  3. Sonia

    Artículo muy interesante .
    Me ha resultado muy clasificador

    1. admin

      Siempre buscamos generar valor a nuestro lectores 🙂

  4. María

    Muy buena reflexión. Me ha encantado el estilo y la claridad del texto. Gran trabajo. ¡Enhorabuena!

    1. admin

      Nos alegra que te haya gustado la historia!

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

For security, use of Google's reCAPTCHA service is required which is subject to the Google Privacy Policy and Terms of Use.