Etiqueta: Reflexión

  • ¿Por qué somos un país pobre?

    ¿Por qué somos un país pobre?

    – Si tuvieras que explicar por qué tu país es pobre, ¿qué dirías Juan?

    – ¡Eh! Perdón profe, no le hice caso. ¿Qué me preguntó?

    Simplemente le sonrío y le respondo en voz alta a toda la clase:

    – La respuesta de Juan es exactamente la razón por la que nuestros países no dejan de ser pobres. Nos gritan al oído que nos roban los políticos, que la gente no tiene valores, que la estructura familiar se ha terminado, que somos un país corrupto y así, un montón de cosas. Pero nadie escucha, solo oyen…

    Somos unos reyes de opinión en nuestra red social, donde decimos todo con enorme valentía, como si el mundo nos tuviera que escuchar; pero luego, cuando realmente toca poner el hombro para crear una empresa, cuando toca no saltarse una cola, no coimear a un policía; entonces, de pronto, pasamos al justificativo tonto de: “no la creé porque mi jefe era un explotador que no me pagaba lo suficiente y no logré juntar el capital”; “me salté la cola porque llevo cuatro horas parado y nadie se mueve”, como si el resto fueran figuras de un ajedrez que no temen ser comidas por otras en el tablero; “coimeé al policía porque ni loco me iba a ir preso, además 50 dolaritos son menos que los 300 de la multa y el mes en la cárcel”.

     ¿Les duele lo que les digo muchachos? ¿Alguno de ustedes no ha hecho algo de lo que les acabo de acusar en el último año? ¡Por dios, solo en el último año!

    Hago una pausa, los miro, se mantienen en silencio, continúo hablando:

    – La gente se enfoca desesperadamente en aprender cualquier negocio tecnológico que se pueda hacer con una pantalla de 9 pulgadas, con la menor inversión posible y que les permita ser millonarios antes de los 25 años. Muchachos, ¿realmente lo único que quieren es ser millonarios a los 25?

    Escucho entre susurros unos “no” y algún “sí”, y sigo con mi reflexión:

    – ¿Saben qué es lo malo de ese pensamiento, que de por sí no es malo? Que la mayoría lo quiere, y en clase no se atreve a decirlo por miedo al qué dirán. Aquí no están tan seguros como en su red social, pero les puedo afirmar que ese pensamiento es lo que les llevará a vivir estigmatizando cualquier trabajo, saltándose cualquier cola y pagando lo que haga falta para quitarse las culpas; porque, por desgracia, la mayor parte de las cosas requieren un esfuerzo enorme, un apasionado sacrificio y un amor infinito por triunfar, y ninguna de ellas se alcanza con plenitud antes de los 25 o antes de los 30 o antes de cualquier período de nuestras vidas específico, porque hay que vivirla como una película que deja una gran cantidad historias a nuestras próximas generaciones y no como una foto del éxito de la cual presumir. Siéntanse orgullosos de la película que dejarán a sus hijos y así tendrán que pensar menos en la razón de por qué nuestro país es pobre, porque seguro, al menos, será menos pobre.

    Al final, concluyo:

    – Gracias por asistir a mi clase voluntaria de ética. Los cuatro se han ganado un punto extra en su evaluación de fin de año. Incluso tú, Juan, ¡que no me has hecho ni caso!

    Todos reímos, aunque no estoy seguro de qué.

    Una de tantas historias incompletas de fracaso. Historia 6/12

    Autor: Miguel Viniegra

  • Ceguera blanca

    Ceguera blanca

    Durante los últimos días vengo pensado en cómo se podría eliminar el racismo en el mundo y se me han ocurrido un montón de ideas; fortalecer el sistema educativo, ampliar las penas, realizar un mejor control de contenidos en medios de comunicación, realizar exámenes psicológicos con mayor énfasis en discriminación, etc; y entre todo lo que me ha venido a la mente, rescato una reflexión profunda y una idea loca.

    La reflexión: No encuentro ninguna razón para pensar porqué yo puedo ser menos que otra persona o porqué alguien puede tener más valor por su color de piel, condición económica, orientación sexual o cualquier otra cosa que se me ocurra; simplemente no la encuentro y eso me frustra, me enoja, me desanima, porque disfruto solucionar problemas complejos… pero este, no lo puedo solucionar. Entiendo a toda la gente que marcha en Estados Unidos por conseguir algo que en mi reflexión se siente igual de doloroso, aunque tan presente en la sociedad en la que vivo sin ir tan lejos y sin tanta repercusión mundial. Es verdad, tenemos un problema y no es en Estados Unidos, es en el mundo.

    Idea: Te parecerá algo absurdo, al menos al principio. Tampoco busco que estés de acuerdo conmigo mientras lees mi opinión, simplemente es una idea utópica… bien extraña y que nunca hubiera pensado que coincidiría con una pandemia como la actual.

    La idea la encontré en un libro que leí hace muchos años del escritor portugués José Saramago, que se llama: “Ensayo sobre la ceguera”. Uno de los mejores libros que he leído y que transcurre cuando un evento marca la humanidad… “De pronto un hombre parado frente a un semáforo se queda completamente ciego; ha comenzado una pandemia llamada Ceguera Blanca; en pocos días, todos quedaremos ciegos”. La ansiedad que genera todo el libro por saber que se van a quedar ciegos es supremamente alta y te lleva muchas veces a cerrar los ojos e imaginarte cómo podría ser tu vida si pierdes la vista de un momento a otro. Solo por un momento hazlo, cierra los ojos en donde estés e intenta moverte sin tropezarte, prepararte un café o tomar un transporte público, ¿Cómo te sientes? Ahora intenta a hablar con alguien mientras mantienes los ojos cerrados para pedir ayuda y que te permita hacer todo lo que te he pedido antes; ¿eres capaz de saber solo por su voz de qué color es su piel? ¿cuál es su condición económica o su orientación sexual? es más, aunque lo supieses de alguna forma, ¿podrías hacer solo estas actividades rutinarias? La respuesta es no, y en lo último en que pensarías es en las diferencias que tienes para enfocarte en conseguir ayuda. Bajo la narrativa de esta historia todos somos iguales durante una pandemia que causa ceguera, pero lo triste es que para poder serlo hemos tenido que perder uno de nuestros sentidos. Mientras que la pandemia del COVID nos quita el aire hasta dejarnos sin oxígeno al igual que la pandemia del racismo, que tuvo el mismo efecto sobre Floyd pero con un resultado fulminante de solo diez minutos y sin perder ningún sentido.

     Al final, la idea loca es que la humanidad sufra una pandemia de “Ceguera Blanca” y no una de “Covid”. Pues en la primera todos somos iguales, intentaríamos ayudarnos y no morimos, mientras que en la segunda todos somos diferentes y podríamos morir por falta de oxígeno, “aunque no estemos enfermos”.

    Autor: Miguel Viniegra.

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    Una de tantas historias incompletas sobre la Racismo. Historia 2/3