Etiqueta: mujer

  • Decisiones

    Decisiones

    Abres los ojos. La luz te molesta pero decides que no los volverás a cerrar. Escuchas las risas de tus hijos que juegan al fondo del jardín. Te miran, te saludan con la mano, se te ilumina el corazón al verlos tan bellos, vestidos de blanco. Divisas algunas personas que te sonríen y les sonríes de vuelta, aunque no las conoces. No te parece tan extraño, en el fondo te resultan familiares. Hay una luz, un gran resplandor. Todo a tu alrededor está en calma y caminas, quieres alejarte lo más posible sin tener que mirar atrás.

    Otro golpe seco en la cabeza, pero esta vez lo sientes en cámara lenta. El primero no lo viste venir, nunca se te hubiese ocurrido que algo así podría sucederte. Respiras profundo e intentas no desvanecerte, pero ahora lo ves todo rojo. Duele pero no sabes exactamente de donde viene toda esa sangre.

    Diez minutos antes volabas por los aires impulsada por un golpe de puño en el pecho. Un ruido sordo anunciaba tu caída sobre el piso de madera, entre una repisa y una maceta que se rompe por el impacto con tu codo. Tu casa, y todo lo que habías construido en tus treinta y cinco años, se venía abajo. Una bota en tus costillas y otra en tu muslo, no llorabas, la sorpresa no te dejaba reaccionar: no podías gritar ni correr, no podías huir ni esconderte. Él parecía omnipresente, y tú simplemente te quedaste inmovilizada por el pánico.

    ¿Qué pasó con los “te amo” y las promesas de ver el atardecer para siempre? ¿Qué pasó son sus dulces ojos marrones que te miraban con ansia? Ahora esos mismos ojos están inyectados con fuego, y su boca, su boca no para de blasfemar y maldecir, y sus puños no cesan de moverse en todas direcciones. Tu mirada fija en él, a pesar del miedo, lo enfurece más aún.

    “¿Tienes sed?  Anda, sírvete un vaso de agua”, te gritaba al tiempo que estrellaba las sillas del comedor contra las paredes. Te dolían la muñeca y el brazo derechos por la primera caída, pero obedeciste. Tenías mucho que perder, muchísimo. “¿Por qué no gritas ahora? Eres una asquerosa hija de puta. Demuestra ahora que eres valiente. Sabes que si te matara en este momento no tendrías oportunidad de escapar, ¿cierto?  La gente se enteraría cuando tus gatos se hubieran comido ya la mitad de tu carne y esta casa empezara a apestar a carroña. Yo saldría ahora y nadie me detendría. Tu ex viene en tres días con tus hijos. ¿Te imaginas encontrar a mamá con la cabeza partida? ¡Qué triste tu final, altanera! ¡Ah! ¿Al fin me tienes miedo ahora, machita? ¡Ten pavor de mí, esta vez no bromeo!”.

    Sigues escuchando sus gritos en un segundo plano y recuerdas súbitamente el día en que te gritó por primera vez. Imaginaste, en ese entonces, que el motivo eran su carácter explosivo y su infancia al lado de un padre autoritario y una madre ausente. También recuerdas la primera vez en que te lanzó una frasco de mayonesa a la cabeza por haber preparado muy tarde la cena. Lo esquivaste por la nada y este explotó en mil pedazos contra un estante de la cocina. Y claro, recuerdas la tarde en que te empujó contra la puerta y casi te noquea, cuando al discutir no tuviste la misma opinión que él sobre un asunto de trabajo. Le creíste siempre, pues finalmente el sexo de reconciliación era increíble y él te pedía perdón de rodillas llorando arrepentido después de cada incidente. Eras su todo, te lo dejaba claro siempre que te alejaba de tus padres, porque eran dominantes, o de tus amigos, porque eran unos aprovechados. Tenía siempre buenas razones para que no salieras sola de casa. Él solo quería protegerte, y tú, tú te encargabas de ponerlo de mal humor, tú lo provocabas, tú no lo comprendías, eras muy básica para entender una mente tan brillante. Todo era culpa tuya. ¿Es que no podías estarte quieta por un rato? ¿Siempre tenías que contestarle?

    Entiendes todo ahora, con un cable USB enredado alrededor de tu cuello, cuando casi no logras respirar, sesenta y siete bofetadas, veinticinco patadas y once puñetazos después. Qué mal final para tu cuento de hadas, ¿no crees? Sin embargo, no dejas de mirarlo fijamente a los ojos cuando la sangre deja de caer sobre ellos. Vuelves a pensar en tus hijos y en esas personas vestidas de blanco, esta vez suplicando que todo termine, que termine de cualquier manera para poder tener paz al fin.

    Si tuvieras que escoger entre vivir o morir en este momento ¿qué elegirías?

    Una de tantas historias incompletas de fracaso. Historia 1/12

    Autora: Ana Verónica Andrade

    web autora: anavandrade.com

  • Volver a empezar

    Volver a empezar

    En medio del bosque, había instalado una tienda de acampar junto al río,  había logrado prender una pequeña fogata. Se miraba desde el cielo y tomando distancia, se sentía muy segura de sí misma, estar en medio de la nada, sola, era un paso gigante para ella. De pronto su voz interior le susurro que no estaba en medio de la nada, por el contrario, estaba en medio de todo. Agua, tierra, viento, fuego, vida, pura vida. 

    Mil pensamientos paseaban por su cabeza, ¿Qué hacía ella ahí?, ¿Qué haría de su vida?, ¿Quién era ella?, ¿Podrá ella tener la valentía y la fuerza para decidir vivir del arte? ¿Podrá liberarse y escapar de lo establecido, de lo normal, de lo que debe ser? Treinta y cinco años, soltera, sin hijos, sin pareja, sin casa, sin auto, sin trabajo, sin gato, sin perro… se sentía como volver a los veinte. Tal vez no debía estar ahí, que idea absurda y completamente estúpida, coger una maleta, guardar un poco de ropa y escaparse al otro lado del mundo para volver a comenzar… ¿Estaba acaso escapando de sí misma? 

    Cada pensamiento la aturdía, trataba entonces de respirar profundamente y de hacer que cada pensamiento se desvaneciera y volara muy lejos de ella.  

    La última llamita del fuego se apagó, se quedó unos minutos en completa penumbra, entonces, decidió que era mejor descansar. Entró en su tienda de acampar, cerró los ojos y contó borregos para tratar de conciliar el sueño. 

    De pronto, vio una luz intensa, abrió la tienda de acampar, la luz intensa la dejaba ciega, y en un segundo sintió que fue expulsada al universo. No tenía cuerpo, no tenía voz, pero su voz interior no le abandonaba. Estaba suspendida, flotando en medio del universo, entre estrellas, fantasmas, duendes, hadas y extraterrestres. Sentía miedo, muchísimo miedo, no quería estar ahí. El miedo tardó muy poco en desaparecer, de pronto todo estaba en paz, todo estaba en amor. La ira, la pena, la frustración, la crítica, el odio, la condena, el rechazo, la pobreza, la guerra, la tristeza, la injusticia, el dinero, el poder, la destrucción, la materia… todo eso no tenía cabida allá arriba… simplemente no existían. 

    ¿Me quedo aquí para siempre? pensó. Un ser gigante multicolor con tres ojos, sin hablar le pregunto ¿Estás segura de que es tu lugar?  

    Estaba segura, por supuesto que sí, se sentía tan bien, en paz, sentía mucha paz, una paz que jamás había experimentado en su vida.  

    En su mente comenzaron a pasar muchos recuerdos como fotografías. Sonrisas y juegos con sus sobrinos, abrazos de su hermana, consejo de su madre, cafecito en la terraza con su padre, heladito de chocolate, bailar al ritmo del son cubano y de la cumbia, estar enamorada, su obra de teatro, la sonrisa de aquel chico transparente que tiene nombre de río, el temazcalito que bebía con el cuñado, el choclito con queso, el río, la playa, el lago, las empanadas de la pana argentina, los alfajores del hermano de la misma pana, los artistas callejeros, un águila volando, las interminables sonrisas y charlas con su pana músico, hombre azul… 

    Quiero volver, pensó, mi vida está allá, mis sueños, mis búsquedas, mis pasiones están allá, aquí, muy pronto me aburriría.  De pronto sintió un dolor muy fuerte, como si quisiera dar a luz. Ella no estaba embarazada, nunca lo había estado. El dolor era grande, y ahí en medio del cosmos, en medio del principio y del fin, empezó a dar a luz. ¿A luz a quién?, se dio a luz a sí misma. Entendió entonces que ella decidió hace treinta y cinco años llegar a la tierra. Y como cuando se hace puenting saltó y volvió de nuevo, a este planeta, olor a café, a caña, a menta. Volvió más guapa, más fuerte, más enamorada que nunca, volvió a sembrar amor en ella misma y a regalar amor a todo lo que esté en su alrededor… 

    Una de tantas historias incompletas de ciencia ficción. Historia 11/12

    Autora: Mélanie Chéradame

  • Ecuador, año 2064.

    Ecuador, año 2064.

    La increíble historia de cómo un país pasó de ser de uno los más pobres de Latinoamérica, a uno de los más prósperos del mundo en tan solo 30 años, se entiende solo si conoces de cerca a la presidenta Carla Anata Anauga Lozano.

    Después de una terrible crisis económica, una ola de corrupción sin precedentes y un futuro incierto, una mujer de origen indígena, profesora de Economía en una universidad pública y madre de tres pequeños, decide convencer a su esposo de que ella podría cambiar el país. Desde ese momento, ya han pasado 34 años. Esta pareja inseparable frente a los focos de todas las cámaras tiene claro que sus responsabilidades no se mezclan. Mientras él maneja un taller mecánico de vehículos eléctricos y drones de transporte de personas (de hecho, Ecuador posee el mayor número de estos vehículos per cápita en el mundo), ella es la figura clave de un gobierno que funciona como un reloj suizo o, como ella misma dice: “Con la misma eficiencia que nuestro transporte público”, que por cierto es gratuito y en los últimos cinco años tuvo una mejor tasa de puntualidad que el metro de Tokio. Pero dejando de lado los temas menores, es importante entender que el progreso de Ecuador solo se entiende si se conoce a esta extraordinaria mujer.

    Esta reseña de la figura del año 2064 para TIMES, la hemos decidido realizar en base a seis frases tomadas de diferentes intervenciones durante estos 34 años de gobierno.

    1. “La salud y la educación serán gratuitas y de calidad en el Ecuador solo si cinco o más mandatarios consecutivos se enfocan en lograrlo. El que no piense igual es un simple politiquero”.

    Esta declaración es clave por dos cosas: la primera, es que en Ecuador en efecto la educación y la salud son gratuitos, y esta última en la mayoría de los casos es realizada por medio de robots autónomos de última tecnología; y segundo, que los últimos siete mandatos han mantenido la visión que Carla Anata Anauga Lozano expresó a su población hace más de 30 años, ya que, desde ese día, ella ha sido la única presidenta del Ecuador.

    • “Toda empresa que tenga más de mil empleados y su sueldo más bajo sea el doble de un salario básico, pagará únicamente una tasa del 10% de impuesto a la renta. Esos empleados generan más valor que 100 mil políticos”.

    Es importante recordar que el salario mínimo en Ecuador es ligeramente inferior al de naciones como Canadá o Australia, aunque superior al de planetas como N10 y Brok, y actualmente se caracteriza por tener empresas con una gran cantidad de empleados, donde destacan Ecuadorian Food, HP, Tesla Motor Company INC, Huawei, Solar City, Harvard Institute, Intel INC, entre otras.

    • “Un país no puede darse el lujo de tener más políticos que científicos. El día de hoy, 19 de mayo del 2057, se ha aprobado mediante consulta popular, que el Congreso de la República cuente solo con 24 congresistas y un alterno por cada uno. De la misma forma, se han modificado los perfiles mínimos para ocupar dicho cargo. Es el momento de tener gente que cambie el país”.

    Actualmente un congresista en Ecuador debe contar con estudios de cuarto nivel terminados, hablar un idioma adicional al de su lengua materna (el español es la lengua materna del país), contar con una experiencia mínima de 10 años en el sector privado y otros 10 en el público, y contar con al menos 45 años de edad. Los sueldos de estos congresistas son de los más altos del país y existen varios casos donde CEOs de empresas muy reconocidas han decidido pasar al servicio público. Desde hace diez años, ni siquiera es requisito ser ecuatoriano y el enfoque es conseguir “a lo mejor de lo mejor”, que permita al país contar con un desarrollo exponencial. El 12.5% de los congresistas son extranjeros y es el único caso en el mundo actualmente. Adicionalmente se está analizando la posibilidad de incluir a un robot con Inteligencia artificial 6.3 en la próxima legislatura para realizar proyecciones macroeconómicas de alta complejidad de forma más rápida y asertiva.

    • “La seguridad social desde el día de hoy pasará a ser de carácter privado; ya no habrá más aportes para pagar sueldos de funcionarios ineficientes o ser la caja chica de algún gobierno”.

    Desde enero, el plan de pensiones del Ecuador está comenzando a realizar los primeros desembolsos a sus jubilados bajo este sistema, que, si bien no son extraordinarias en relación al ingreso promedio del país, si tienen una diferencia sustancial al plan público predecesor.

    • “Todo negocio relacionado con el turismo dejará de pagar impuestos al estado. Debemos convertirnos en una potencia turística mundial. Desde mañana desaparece el IVA, Impuesto a la Renta, cobro de patentes, etc.”.

    Actualmente el Ecuador es el onceavo país con mayor número de turistas por año, y se encuentra en un boom de construcción de infraestructura de servicios turísticos por las ventajas impositivas que otorga, y, sin duda, porque genera un placer indescriptible el visitarlo. En esta medida no se encuentran las Islas Galápagos, las cuales solo pueden ser visitadas si eres ganador del sorteo anual de cupos de viaje y tu estadía es menor a siete días. Se espera que, para finales del 2067, Ecuador tenga el primer aeropuerto suspendido sobre el pacífico, lo que permitirá recibir una mayor cantidad de vuelos en sus ciudades turísticas, ya que este sistema permite mover las pistas casi a cualquier lugar en cuestión de días dependiendo de la demanda.

    • “Si quieres a tu país, no robes; si quieres a tu país, no engañes. Pero si pese a todo, sigues sin quererlo, es mi responsabilidad separarte de nuestra sociedad, porque tus actos afectan a la gente honrada, noble y trabajadora”.

    Desde hace más de 25 años, Ecuador creó un sistema de justicia que define con claridad cómo los actos fuera de la ley deben ser pagados a la sociedad. Es muy común ver como gran parte de todas las oficinas públicas cuentan con personal de mantenimiento compuesto por presos con sentencia en firme, que deben devolver económicamente 1.5 veces el perjuicio causado, mediante su trabajo. Actualmente Ecuador cuenta con más de 100 políticos encarcelados que todavía no devuelven esta tasa, y no podrán recuperar su libertad, aunque hayan cumplido su tiempo de condena (el ex Congresista Carlos Parco Vivez, lleva más de 20 años preso). Este punto quizás es el más polémico de la mandataria, pues también logró aprobar la pena de muerte para violaciones y cadena perpetua para casos de abuso de menores. 

    Como toda figura política, no está exenta de polémica; y seguro Carla Anata Anauga Lozano posee una gran cantidad de defectos, pero es casi imposible no admirar la tenacidad, creatividad y liderazgo que posee esta presidenta. Si eres ecuatoriano, debes sentir un orgullo desbordante por lo que representa para el mundo, y si eres un ciudadano de otro país, tan solo admiremos y aprendamos, porque Ecuador nos ha dado una lección por medio de una mujer que cambió a un país.

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 8/12.

    Autor: Miguel Viniegra

  • El Saqra

    El Saqra

    El amor de una madre por su hijo es incomparable.  

    El dolor de una madre por saber que su único hijo está por morir es indescriptible.  

    Sophie Kemp cargaba a su único hijo de ocho años dormido en su regazo. El pelo dorado que llenaba su cabecita como el amanecer, había sido arrancado de su diminuto ser debido a tantas quimioterapias sufridas. Todavía le golpean las palabras del oncólogo como un eco devastador en su cerebro, «su hijo va a morir». Cuando la ciencia y la medicina no son suficientes para seguir viviendo, ¿qué alternativa te queda?  

    El Jeep todo terreno seguía avanzando a paso lento pero firme dentro de la espesa selva. Dentro del transporte se encuentran, el guía al volante, una madre con la cara golpeada por el sufrimiento y por las incontables noches en vela; y en sus faldas, un niño flaco, pálido y sin pelo que duerme profundamente. Su guía es un experimentado nativo del Napo llamado Danilo. Él había conocido al Chamán Hampa muchos años atrás, cuando una serpiente había mordido a su madre. Ese día, el padre de Danilo acostó el cuerpo de su madre en la parte trasera de la camioneta de trabajo y subió a Danilo al frente. Después de media hora, y ya entrada la noche, llegaron a un claro donde se veían luces que provenían del fuego de varias antorchas dispersas alrededor del perímetro de una aldea. En ella, varias chozas erectas sobre el piso, que construidas de madera y cabuya, reflejaban sombras de varios cuerpos moviéndose sobre la noche. En la entrada un par de indígenas los recibieron y fue en este momento que Danilo descubrió algo que no sabía de su papá. El angustiado hombre intercambió un diálogo con los aborígenes en un idioma extraño y nuevo para Danilo, algo que él nunca había escuchado antes.  

    Debido a lo apremiante de la situación, la camioneta quedó prendida y Danilo vio a su padre salir corriendo, alzar a su esposa en los hombros y correr con ella para luego perderse dentro de la choza más grande y central. Danilo se estremeció ante toda la situación, su madre a punto de morir, él rodeado de indígenas extraños que no hablaban español y la oscura noche de la selva rondando sus pesadillas. Salió corriendo detrás de su padre. Cuando llegó a la cabaña donde habían ingresado sus padres, una luz tenue alumbraba una habitación llena de artefactos hechos a mano y de confección rarísima, y un pesado olor a palo santo. Una vez que las pupilas de Danilo se acostumbraron al nivel de luz, vio a su madre desnuda e inconsciente en el piso, pero peor aún, divisó algo que lo marcaría para siempre…  

    Sophie quedó embarazada muy joven, durante su segundo año de arquitectura en la universidad. Ese semestre recibía en una de sus clases, la materia de ética. El profesor de ética era recién egresado, alto, rubio y con un aire a Harrison Ford en el “arca perdida”, que irremediablemente enamoraba a todas las oyentes. A Sophie, hasta se le ocurrió escribir “me gustas” en sus párpados, tal cual escena de Indiana Jones. Sonreía por dentro a tanta ocurrencia. Por eso cuando al terminar una clase, y el profesor se acercó para preguntarle acerca del tema humanístico, ella solo pensaba en lo animalista de su ser. Fue una aventura que tuvo muchas consecuencias, el abandono de su carrera, la pelea con sus padres y el pequeño Philip.  

    Ella no podía creer que ese granito de sol, lleno de promesas y que hasta hace poco era nada más que un bebé, ahora estuviera a punto de desvanecerse. Philip era un niño normal, alegre, aun cuando nunca había conocido a su padre. Y fue su papá, el profesor de ética, quien le contó a Sophie acerca de Hampa. El profesor, en unos de sus viajes a lugares inhóspitos, encontró una aldea de indígenas en lo profundo de la selva ecuatoriana,  que adoraban al Hampa como a un dios. El sanador y dador de vida. Contaban que este Chamán tenía poderes sobrenaturales y que hasta podía regresar a la gente del “otro lado del río”. El papá de Philip lo había visto con sus propios ojos. Y es así, que el último recurso de Sophie para salvar a su hijo ahora recae sobre este brujo.  

    Hampa arrancó a Phillip de los brazos de su madre, lo desnudo y lo acostó en el piso. El resto del ritual fue una escena que puede trastornar hasta al más incrédulo de los seres. Un acontecimiento similar a la que presenció el joven Danilo años atrás. Sophie sentía la presencia, no de un solo ente, sino de varios, cantando en voces y dialectos olvidados por el tiempo. Sombras negras trepando las paredes, rasguñando la madera mientras ejercían su baile demoníaco. Las antorchas de fuego crecían y consumian el oxígeno del cuarto sin piedad. Y como un trueno, un golpe de vida en el pecho de Phillip. Un rayo de energía que atravesaba su minúsculo cuerpo y que le hacían retorcer del dolor. Sophie estaba paralizada.  

    De regreso en el Jeep, Danilo, Sophie y Phillip se reían mientras emprendían el camino de regreso a Quito, donde les espera su vuelo a Boston. Para Sophie, todo esto era un sueño, no podía ser verdad. Tendría que hacerle exámenes para asegurarse que Phillip estaba completamente libre de cáncer, pero el hecho de que caminara y corriera solo minutos después del episodio, y verlo ahora riendo, comiéndose una banana y tan lleno de energía, le llenaban su corazón de seguridad. De repente, el Jeep redujo su velocidad hasta pararse completamente. Otra tribu indígena llenaba el camino con una procesión funeraria obstaculizando el paso. Danilo bajó la ventana y le preguntó en dialecto a uno de los indígenas qué estaba sucediendo. Era un niño de la edad de Phillip que había fallecido hace menos de una hora atrás. Los padres desconsolados gemian, lloraban y gritaban: Saqra, Saqra, Saqra. 

    Danilo sabía que es lo que querían decir. Mientras que hampai quiere decir sanador, el dador de vida, el Saqra es el diablo que se la lleva…   

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 3/12.

    Autor: David Carrillo

  • #Niunamenos

    #Niunamenos

    Basada en hechos reales…

    Uno. Tomó leche del seno de su madre.

    Dos. Caminó como pingüino por todo el patio.

    Tres. Primer día de escuela.

    Cuatro. Remó un barquito en la Alameda.

    Cinco. Miró volar cometas en el cielo.

    Seis. Pensó que el algodón de azúcar, en realidad, era algodón.

    Siete. Unos niños le arrancaron su falda, la acorralaron contra la pared.

    Ocho. La amenazaron, la humillaron.

    Nueve. La insultaron, la escupieron, la dejaron inconsciente.

    Diez. Acariciaron sus pechos y sus nalgas jugando al “doctor”.

    Once. La forzaron para tener su primer beso.

    Doce. Al verla, su profesor de matemáticas, tuvo una erección.

    Trece. Sin previo aviso, sin permiso, sintió una lengua en su garganta.

    Catorce. Le hicieron bullying por ser virgen.

    Quince. Doce compañeros de clase hicieron fila para abusar de ella.

    Dieciséis. Sin permiso, metieron una mano debajo de su falda forcejeándola hasta llegar a su vagina.

    Diecisiete. Un desconocido la sacó a bailar y en tan solo diez segundos, la manoseó por completo.

    Dieciocho. La apuñalaron en el brazo y la intentaron secuestrar.

    Diecinueve. Su profesor de universidad la sedujo hasta salir con ella, y con seis más de sus compañeras.

    Veinte. Su novio la llamó puta, zorra, perra y la obligó a tener sexo con él.

    Veintiuno. Silencio…#niunamenos…

    Una de tantas historias incompletas sobre Mujeres. Historia 9/12

    Autora: Mélanie Chéradame

  • Mírame por dentro

    Mírame por dentro

    Desde pequeña, a pesar de haber estudiado en una escuela pública de mi ciudad, nada elitista, siempre sentí el rechazo de mis profesoras y mis compañeras por mi apellido, no solo por su procedencia indígena, sino, además, por ser el apellido de un padre ausente.  

    Un día vino a recogerme a la escuela… desde aquel momento se incrementaron las burlas de mis compañeras y las preguntas de mis profesoras. Y es que el hombre que había llegado a verme para nada se parecía a la niña que llevaba su apellido. Él tenía la tez oscura y yo soy blanca como leche, de ojos verdes y con cabello súper claro. Las profesoras me decían: “¿Segura que es tu papá?”, mientras que mis compañeras aseguraban con tono de burla: “!Él no es tu papá! ¡Él no es tu papá!”.  

    Lo que ellos no sabían es que en la casa él también decía: “Yo no soy tu papá, no puedes ser mi hija, no te me pareces en nada”. De esta forma de verme es de donde nace su rechazo hacia mí, desde que nací, por no parecerme a una figura indígena; y el rechazo de la “sociedad mestiza” en la que vivo viene de tener su apellido. 

    Con el pasar de los años decidí que eso no debía afectarme. Y eso que tuve que asimilar el haber sido la hija de una cana al aire de mi papá, que mi madre tuviera que luchar muchos años para que me diera su apellido, el haber sentido el rechazo de mi padre por tener que dármelo y sentir el menosprecio de la sociedad que me rodeaba por llevarlo.  

    Lo más triste es que, a pesar del paso de los años, y de no ser ya ninguna niña, sigo sintiendo que casi nada ha cambiado, solo los nuevos actores que me rechazan: ¡Mi familia política! 

    Una de tantas historias incompletas sobre Mujeres. Historia 3/12

    Autora: Guadalupe Quispe

  • Ulma

    Ulma

    – Empezó como una punzadita. Pero ahora ya me duele, amiga. 

    – ¿Sí? ¿Y ya cuantos días llevas con la punzadita? 

    – Varios días. Va y viene. 

    – Qué raro… 

    – ¿Sabes qué, amiga? Mejor me voy a la clínica a que me vean, por si acaso… 

    – Sí, no te preocupes. Gracias por venir a la reunión, en serio. Te llamo mañana para saber cómo salió todo. 

    – Claro, síguela pasando bonito y de verdad, discúlpame, pero me duele en serio, mejor me voy a que me vean en la clínica. 

    – Hola amiga, ¿cómo te fue ayer? 

    – Amiga, me operan mañana, estamos llenando mil y un papeles. 

    – ¿Ah? – inevitable esconder mi sorpresa mayúscula –, pero, no entiendo, cómo que te operan, de qué… 

    – Llegué a la clínica y me hicieron pruebas para descartar varias cosas. Hasta que en la ecografía salió que tengo cáncer, amiga. Es cáncer. Estoy en Fase III. Ovario… No entiendo nada… 

    Veo a la madre de Ulma, espera en el pasillo, mirando su celular y respondiendo al WhatsApp con evidente desgano. Qué agotada luce… 

    – Hola hija, gracias por venir. 

    – Por nada, señora, por nada. ¿Cómo está Ulma?, ¿le han dicho algo? 

    – Sí, ya salió hace un rato el médico. Le tuvieron que sacar todo el aparato reproductor, el cáncer está muy avanzado. A mi hija. ¡A MI HIJA! Esto es una pesadilla… 

    Ulma. Mi amiga de niñez. De adolescencia. A la que cuando vi por primera vez me cayó mal, y de la que pensé que seguramente estudiaba en un colegio de pitucas, y resultó que estudiaba en mi colegio (¡jajaja!). Con la que salíamos a ir a montar bicicleta de adolescentes, yo en mi bicicleta roja de carreras – ¿qué habrá sido de esa bicicleta? – y ella en su Monark azul, rojo y blanco. En mi retina tengo el recuerdo de ella bailando La Bilirrubina con su padre en su quinceañero, como si al día siguiente se acabara el mundo; ella con su cabello largo y su vestido blanco. Yo tuve que tirarme al suelo para rogarle a mi papá que me diera permiso para ir a su quinceañero porque justo me habían castigado dos semanas cuando se celebraba (mi papá se apiadó a las 10 de la noche y me dejó ir). Ulma, despidiéndome cuando me fui ese verano a París. ¡El coro de la iglesia! Confiarnos que, por más que Bru era nuestra amiga, “déjate de cosas, Bru tiene la madurez de la pepa de los aguacates del mercado, amiga”. ¡Cuando Ulma volvió de Miami! Yo que pensé que jamás la volvería a ver, y ahí estaba, dos años después, en mi casa, contándome que había visto a Timbiriche en concierto y que se regresó porque se dio cuenta que la universidad era muy cara por allá. ¡Los viernes de sangría en caja! Yo preparaba los tequeños y ella compraba la sangría. Ulma ama mis tequeños y mi guacamole. La vez que su mamá se enfadó con ella porque no sabía cocinar y le exigió que ese día, vaya usted a saber cómo, preparara el almuerzo para toda la familia, con entrada y bebida, sí señor. Ulma, que, para freír un bistec, lo aventaba al aceite caliente y se iba corriendo… y en esa época, Google era un sueño digno de Los Supersónicos. “Amiga, tú sí sabes cocinar, qué compro en el mercado, por favor”, me dijo. “No te preocupes, Ulma. Yo ya terminé de preparar el almuerzo en mi casa, vamos al mercado y luego a tu casa a cocinar, le pido permiso a mi mamá, Ulma”. Y así, acompañé a Ulma al mercado, hicimos las compras y terminé yendo a su casa y cocinando para su familia (que jamás se enteró que el almuerzo lo hice yo). La vez que me llamó a la 1 a.m. llorando, “amiga, estoy en el Chulo´s, me he peleado horrible con Hugo, me ha metido una cachetada delante de todo el restaurante y se ha largado; me dijo que no trajera ni dinero ni tarjetas, me he quedado con la cuenta, por favor, no me dejan irme del restaurante, ven con tu tarjeta o efectivo, la cuenta es alta, ven por favor”. Y yo saliendo de la cama y cambiándome el pijama, y mi mamá viéndome buscar mi llave: “¿Vas a salir? ¡Es la 1.30 a.m.! No, no vas a ningún…”. Le interrumpí: “Mamá: no te estoy pidiendo permiso, te estoy INFORMANDO que me voy a buscar a Ulma y llevarla a su casa”. Qué decidida me habrá visto la doña, que solo me dijo: “ten cuidado al tomar el taxi… vas con cuidado”. ¡Cuando me fuiste a visitar a París, Ulma! Hasta nos tomamos un vino en caja en el cuarto de hotel donde te hospedabas. Veo las fotos, éramos unas niñas… Y una niña fue lo que me anunciaste que esperabas 5 meses después. Verla a ella es verte a ti, Ulma, una versión nueva y joven de nosotras. 

    Mientras abro el armario para buscar el vestido blanco que sé me pondré con las sandalias que le combinan, pienso en la fortaleza de tu cuerpo, Ulma. De tus ganas de aferrarte con todo aquí. Por tu hija. Ahora te tocó a ti bailar Carlos Vives con ella en su quinceañero. 5 años aguantó tu cuerpo, Ulma. Me siento abrumada de ver tantas flores y…  

    – ¡¿Pero a quién se le ocurre poner música en un velorio?! 

    – La lista de Spotify la dejó preparada ella. Quería que pusieran música alegre y nada de colores oscuros. Yo acato lo que ella me pidió… 

    Ulma me deja el recordatorio de vivir el día a día, agradecer y ¡joder, la vida, con todas sus cosas, es una, vívela! 

    Tú eres la alegría de las canciones de Carlos Vives. 

    Dedicado a Pau y a P. 

    Autora: Silvia A. Lucho Molina.

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  • Alza la voz por ti

    Alza la voz por ti

    “Yo no te eduqué para que permitas que nadie nunca te falte al respeto. Siempre supe que serías una locomotora que cuestionaría aquello que estuviera mal, que alzaría la voz para cambiar el ‘status quo’ cuando tu libertad y la de otros estuviera en juego”. Es lo que me dijo mi papá cuando le pregunté si hacía bien al decirle a mi ex esposo que no aceptaba sus gritos, ni cuando la comida le sabía mal, ni cuando me había olvidado de hacer la compra en casa por estar distraída con la maestría en negocios que estaba estudiando en ese momento.  

    Me encantaría decir que esta historia que me pasó hace once años es cosa del pasado. Que son pocos los hombres que siguen pensando que tienen derecho de propiedad sobre sus parejas; que las tareas del hogar son responsabilidad de la mujer; que la comida debe estar lista y debe ser rica, nutritiva y abundante; que sus camisas deben estar planchadas y ordenadas en el clóset; que los hijos deben ser educados, tener las mejores calificaciones y ser guapos como su padre, y que, todo eso, es responsabilidad de la mujer de la casa.  

    Lamentablemente debo decir que hay muchas historias como la mía que se siguen repitiendo. Es necesario visibilizarlo para generar conciencia y acabar con el maltrato, el machismo y la inequidad de una vez por todas. Todo esto, en una sociedad que aún presenta una tremenda desigualdad. 

    Estamos ya en el año 2020 y es hora de cambiar la creencia de que las mujeres hemos de encargarnos de la administración del hogar porque es un “deber” que algún ser superior nos ha encomendado. Y que, además, lo ha hecho por haber nacido de género femenino. Si tan solo la sociedad comprendiera que ser un equipo es un mejor negocio para todos…  

    ¿Que es fácil? ¡NO! ¿Que vale la pena? ¡TOTALMENTE! Un hogar en donde hay un equipo es un hogar de personas felices, libres, creativas, seguras y esto se contagia a los hijos que, además, luego construyen hogares igual de saludables. Un hogar de acuerdos, en donde hace la compra el que sale más temprano de la oficina, en el que cocina el que sabe o al que le gusta hacerlo, un hogar en donde la mujer trabaja y el hombre se queda en casa porque así lo han decidido en pareja, es un hogar real, auténtico, que promueve la felicidad y la realización de sus miembros. 

    Y esto es de lado y lado, porque las mujeres tenemos mucho que cambiar si queremos realmente transformar la sociedad y construir una realidad con más equidad para las mujeres que vienen detrás. Mi recomendación: ¡si quieren trabajar, háganlo! Y sean las mejores en lo que elijan ser. Conviértanse en el CEO con el que sus padres querían casarlas; ganen más que sus parejas; llévenlos de vacaciones; paguen las cuentas de la casa, la educación de sus hijos, y, por favor, no se olviden de ser un equipo. 

    La vida nos ha enseñado que estamos de paso y que lo más importante es disfrutar el momento. Construyan relaciones saludables, tengan amor propio; respétense y respeten; cambien su realidad, si la misma no les hace feliz, y recuerden siempre: “La libertad no tiene precio y debe ser su eje en la vida”.  

    Es hora de eliminar los estereotipos, cambiarlos y actualizarlos. Ya no estamos en la época medieval, esto es el siglo XXI, es tiempo de cambiar nuestras creencias y construir un mundo nuevo, sin reglas, porque cada pareja es distinta. Siéntanse en la libertad de crear su realidad y la de su familia, y vivir feliz en libertad.   

    Autora: Cristina Páez.

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  • No soy una niña normal

    No soy una niña normal

    “Pamelita, ¿por qué no puedes ser una niña normal?”, me preguntó una de mis amigas de la universidad un día al terminar las clases, cursábamos la carrera de Química juntas. En ese momento no le di demasiada importancia, pero ahora cada vez que pienso en ese momento, han pasado más de diez años, me doy cuenta de que mi amiga tenía razón. Yo no he sido, no lo era entonces, ni seré una ‘niña normal’.  

    En el colegio, pasaba los recreos estudiando nomenclatura química en lugar de conversar con mis amigas, como hacía el resto. En la universidad, empleaba las tardes de los fines de semana en estudiar fisicoquímica o en leer los libros de bioquímica, en lugar de salir con mi entonces novio. Él me reclamaba: “Puedes estudiar en las noches, ¡pasa los fines de semana conmigo!”. ¿Lo hubiera podido hacer?, sí, pero no quería. Encontraba más apasionantes las tardes llenas de fórmulas y problemas que una tarde de ocio con él. Capaz mi amor por la química era más grande del que pude haber tenido por él.  

    Con los años me he dado cuenta que fue así. Sí, suena a locura, pero no para mí, yo no soy ‘normal’. Llevo años pensando que la química nunca me va a dejar, no me va a mentir, no me va a criticar; ella es tan exacta, tan perfecta, tan fascinante. Por ese amor, a los 25 años, dejé mi país, mi familia, mis amigos, mis perros y me fui a seguir mi sueño a Estados Unidos, mi sueño de ser científica.  

    Me decían: “Mijita, ¿cómo se va a ir SOLA tan lejos?” Y yo pensaba, no estoy sola: me tengo a mí, mi sueño y el apoyo de mi familia. Eso me basta. Desde ese entonces dejé mucho atrás, no solo el miedo, sino todos los complejos de la sociedad en la que me formé. Complejos que me agobiaban, esa mentalidad reducida de lo que uno puede querer hacer con la vida. Fue el inicio de mi liberación.  

    Durante mis cinco años y medio de formación científica, la química me permitió viajar, conocer gente extraordinaria de varias partes del mundo, expandir mi mente, mi alma y mi espíritu, y lo más importante, seguir descubriendo y aprendiendo de mi amada química. Mi formación culminó y otra vez sin miedo me dije: iré donde la química me lleve. Y fue así como terminé en Inglaterra, donde vivo actualmente. Tengo una vida sencilla, pero muy satisfactoria, un trabajo que amo, amigos de buen corazón, colegas excelentes, tiempo de ocio, y mucha alegría y orgullo de saber que llegué hasta aquí SOLA. A veces me olvido en lo que se ha convertido mi vida y lo peculiar que es para mucha gente. Yo no soy una ‘niña normal’.  

    Un momento de revelación llegó hace unos meses. Fue una noche, después de un seminario, en el que cantaba el feliz cumpleaños a una eminencia de mi campo de investigación, el profesor Graham Hutchins, y compartía mesa con el eminente profesor Robert Schlögl. Para la gran mayoría esos nombres no significan nada, pero para mí es mucho mejor que conocer a una estrella de Hollywood o a un cantante famoso. 

    Mi corazón estaba lleno de emoción, hablamos de átomos, moléculas, reacciones e instrumentos, y es cuando me volví a decir sí, yo no soy una ‘niña normal’.  No soy, ni seré ‘normal’, y ya ven, no me ha ido mal. 

    Una de tantas historias incompletas sobre mujeres 2/12.

    Autora: Pamela Carrillo

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    foto: Pamela Carrillo