Etiqueta: Deseo

  • Una estrella fugaz

    Una estrella fugaz

    Dicen que cuando ves una estrella fugaz, debes pedir un deseo, ¿sabías eso? ¡Yo sí! Y tan afortunada fui que en un viaje de trabajo, bajo un hermoso cielo estrellado en República Dominicana, apareció una, era algo improbable, pero ahí estaba, solo para mí; un deseo, lo tenía clarísimo, no había duda; cerré los ojos e inmediatamente mi alma, mi corazón y mi mente se alinearon para llegar hacia todo el universo… me encontraba extasiada, y, sinceramente, parecía que estuve alucinando, al preguntar a mis colegas nadie más la vio… parecía que solo quería ser vista por mí… Pero, ¿mi deseo se hará realidad?

    De regreso a casa se me había olvidado mi maravilloso encuentro estelar, y mi vida transcurría con aparente normalidad, ese día se celebró un récord de ventas en la empresa e hicieron una maravillosa fiesta; casualmente pude estar en la oficina, ya que por lo general pasaba viajando, mi vida era viajar, amaba mi trabajo. Fue ahí cuando ocurrió… Todavía recuerdo el primer día que te vi, bajando por las escaleras con tu overol blanco, cejas cargadas y ceño fruncido… Serio y casi inaccesible… Una mirada se cruzó entre ambos y fue inevitable sentir magia, a esa magia se sumaron los nervios, la música empezaba a sonar, todos comenzaron a bailar y como si los demás dejaran de existir te veo acercándote a mí, ahora ya no frunces tu ceño, me sonríes y me preguntas: “¿quieres bailar?”. Yo pienso, cómo le digo que sí, ni siquiera lo conozco, pero algo sucede en todo mi ser, ¿qué me pasa? No fue necesario decir nada, simplemente me di cuenta de que bailábamos, o más bien ¡flotábamos! La música parece que deja de sonar y solo te veo a ti y escucho tu voz, una voz grave tipo locutor, que hace que me bombee a mil mi corazón, “¿en qué área trabajas?”.

    Así, empezamos a charlar, en un lugar donde todos te conocían menos yo. Aquí te veo y me encantas, quiero saber más de ti, me doy cuenta que tú también quieres saber más de mí… Los días transcurren, los meses pasan y somos los mejores amigos; amigos platónicos diría yo. Esa magia que surgió debió detenerse, tú estás casado y yo llevo casi 6 años de noviazgo, y, posiblemente, me tenga que casar. Debo confesar que siempre que me toca el tema lo evado porque no quiero lastimarlo, no me quiero casar. Esto no me sucede ahora que te conocí, lo sé desde siempre, pero no tengo las fuerzas para terminar con esta relación enfermiza, me acostumbré a sus infidelidades, a sus celos intensos, al maltrato psicológico que me reparte cada vez que nos vemos.

    Mis jornadas de trabajo son más fáciles ahora que te conocí, y te convertiste en mi mejor amigo; ahora que te puedo contar sin miedo todos mis incontables problemas amorosos, aunque me duela tienes razón, no merezco que me trate de esa manera, me has dicho cosas duras, pero tienes razón y estoy entendiendo. Me dijiste que busque ayuda, “pero soy psicóloga”, te dije enojada, “¡no necesito ayuda!”.  “Estás enferma”, respondiste. He llorado llena de enojo con tus enérgicos consejos; pero sí, tenías razón, mi terapeuta me dijo cosas muy parecidas a las que me dijiste, creo que no eres ingeniero sino psicólogo. Ahora me siento animada y con fuerzas para romper esas cadenas que me atan… Gracias. Nadie me había hablado tan claro y tan amorosamente para decirme, en resumen, que soy una bruta amorosa… ¡Genial! Soy una bruta amorosa, que lo acepta y que ahora sabe qué es lo correcto… Y no, no quiero más cadenas en mi vida, ¡sé que esto debe terminar! Gracias, mejor amigo.

    Mi teléfono suena, eres tú; como si te estuviera llamando con mi pensamiento, nuevos problemas en tu casa, una historia de nunca acabar, parece que ambos tenemos mala suerte en el amor… continúo escuchando, pero, qué más te digo para que arregles tu relación, me pregunto; ya has intentado todo (terapias, salidas, viajes, charlas a profundidad), bueno solo te escucho y te digo, “paciencia sigue intentando, tienes un hijo”. No puedo evitar sentir tu infelicidad, eres un hombre apagado, debes sonreír, mereces ser feliz; ¿cómo te ayudo?, después de todo lo que has hecho por mí, y yo, no puedo ayudarte, y peor, no sé qué más decirte… solo te escucho en silencio y sufro por dentro. “Que descanses, charlamos mañana, gracias por escucharme”, me dices y cierras el teléfono.

    Transcurren 3 días y mi teléfono no suena, me preocupa, pero solo me resta esperar, tras una semana viajando por trabajo y sin saber nada de ti, me quedo pensando en que quizás te molestaste porque no pude darte un consejo, en que quizá ya no quieras ser mi mejor amigo…  la idea me pone triste.  

    Al fin suena mi teléfono; mis nervios y mi preocupación son evidentes, pero trato de controlarlos; “necesito contarte algo, pero no por teléfono,” me dices.  ¿Qué pasaría?, debe ser grave me digo a mí misma.

    Al fin llega el día, ups 5 minutos tarde, pero aquí estoy, lo veo ahí … Dios mío este corazón sí que me palpita, debe ser porque subí las escaleras a mil. “Por favor, qué pasa”, te digo casi enloquecida; estoy que no puedo de la preocupación: “Qué querías contarme, han pasado 9 días, y no he sabido nada de ti”. Sin titubear me contestas: “Me separé y es definitivo, encontré las fuerzas que necesitaba y no tengo dudas”. Un silencio nos invade, y mientras pienso en lo que te voy a decir tus labios tocan los míos. A este capítulo de mi vida lo llamo Felicidad.

    Han pasado más de 10 años desde aquel beso y esa magia que sentí desde ese primer día sigue invadiendo mi alma, mi mente y mi vida entera… ahora te veo bajar las escaleras de nuestra casa junto a nuestros dos hijos, ahora somos una familia. Los Conejos.

    El verdadero amor existe, los príncipes llegan a rescatar a su princesa, la princesa llega a rescatar a su príncipe, el mundo conitos es real, y sí, un beso de amor es la fuerza más poderosa del universo.

    Cuando veas una estrella fugaz pídele un deseo, pero pídele con el alma, ¿sabes por qué? ¡Se hace realidad!

    Dedicada al amor de mi vida, mi conejo

    Una de tantas historias incompletas de Amor. Historia 8/12

    Autora: Katya Oña

  • ¿Físico o mental?

    ¿Físico o mental?

    1 – ¡Vamos! – ¡Mierda de virus, no aguanto más! ¿Para qué me obligan a quedar en casa sin motivo? Qué gobierno más inútil. 2 No entiendo a la gente, ¿es tan difícil seguir normas y recomendaciones? Ahora resulta que todos son expertos, jueces y ejecutores de leyes. 3 – ¡otra más! – En redes sociales no puedo decir nada sin que alguien me ataque, me amenace, me bloquee o, aún más improbable, esté de acuerdo conmigo. 4 Las noticias solo están llenas de reporteros que sueltan “datos” sin análisis ni reparo de las posibles consecuencias. La mitad alaban al gobierno, la otra mitad lo sataniza. 5 – ¡Vamos solo 6 más! – La economía se desploma. Las empresas apenas pueden mantenerse pagando sueldos sin tener clientes ni ventas en casi dos meses. Será la ruina y millones sin trabajo. 6 Los pocos que mantengan el trabajo, probablemente les pagarán menos y apenas llegarán a fin de mes, peor aún pensar en vacaciones o disfrutar algo. 7 – ¡así! ¡vamos! – ¿Disfrutar qué? No hay como ni reunirse con los amigos a beber una cervecita helada o a un picnic en el parque. 8 – ¡3! – Peor coger mi moto y salir a dar una vuelta porque enseguida cae la multa por saltarse el confinamiento. 9 – ¡2! – Y que mal…justo tenía comprada la entrada al concierto que me costó tanto y fallece el cantante contagiado…10 ¡encima caen los religiosos a decirme que rezando todo mejorará! – ¡listo! –

    – Ufff descanso…1 minuto –

    11 – ¡segundo set, qué cansancio! – Nunca fui una persona religiosa. De todas maneras, ser positivo y tener fe de que todo mejorará no hace daño a nadie ni está de más en absoluto. 12 Entré en Instagram y vi que en todo el mundo están haciendo tributos online gratuitos a aquel cantante que falleció. Qué genial ver como su música y su historia llegó a tanta gente a nivel mundial. 13 – todavía quedan 8… – La verdad escuché que menos tráfico y contaminación le está haciendo bien al planeta, las flores están creciendo en lugares que no pasaba desde hace mucho tiempo, llueve de nuevo y todo está más verde, así que cuando vuelva a montarme en mi moto, seguro que los paseos y los paisajes serán aún más especiales. 14 Ya no me reúno con mis amigos en un bar, pero debo admitir que ahora hablo más con ellos de lo que lo hacía estos últimos tiempos. Me cuentan su día a día y siento que los estoy conociendo nuevamente como cuando teníamos 14 años. Me había olvidado cuánto los extraño. 15 – las últimas con rodilla, ya no jalo – El tema trabajo siempre ha sido complicado, y si logro mantenerlo después de esta pandemia, genial; sino, hay que buscarse la vida, siempre con buen ánimo y siempre feliz por aquellos que si lo lograron. La próxima vez, tal vez la suerte me sonría a mí. 16 las empresas apenas se mantienen…! ¡Pero cómo se mantienen! ¡Qué creatividad, qué proactividad! ¡no se rinden nunca y salen adelante como sea! Son un verdadero ejemplo de lucha y superación. 17 – ¡vamos! – Es verdad que las noticias me agobian, pero también me alegra mucho el día ver las historias sociales de mi comunidad: los policías cantando feliz cumpleaños a los niños, los jóvenes haciendo las compras de los mayores, los voluntarios ayudando a empacar y llevar las mascarillas donde haga falta y los médicos y personal sanitario guerreros a los que trataré con estas repeticiones y ejercicios de no darles trabajo hasta por lo menos dentro de unos 40 años. 18 – ¡3! – Qué genial la tecnología que me permite hablar con mi familia y mis amigos todos los días a pesar de estar tan lejos. Poder ver a mi sobrina crecer y que ella siga riéndose con sus tatos para que no se olvide de nuestros rostros. 19 – ¡2! – Esta gente que le cuesta tanto… pero que entiendo que nunca han pasado por una situación igual y que probablemente estén haciendo lo mejor posible igual que yo para aguantar los días. Podemos mejorar sin duda, pero nunca dejar de intentar. 20 – ¡La última! – Yo primero que nadie debo calmarme, pensar, reflexionar y actuar de la mejor forma posible para ser un ejemplo y ayudar con mi granito de arena a salir de esto y no esperar que solo me den la solución fácil. Sé que puedo hacerlo y no me rendiré.

    – ¡Uffff qué cansancio! Listo pecho y espalda, mañana toca piernas y abdominales… –

    Una de tantas historias incompletas de una Pandemia. Historia 3/12

    Autor: Diego Méndez.

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  • El deseo de Navidad

    El deseo de Navidad

    Hace unos días recibí un video de WhatsApp en donde a dos grupos de niños, uno de España y otro de Uganda, les pedían que dijesen que pedirían si tuviesen la posibilidad de pedir tres deseos y que estos se cumpliesen. Claramente los pedidos eran muy diferentes en los dos grupos. A la mitad del video se les enseñó a los niños que habían nacido en España lo que habían pedido los de Uganda y se les pidió nuevamente responder si mantendrían lo que habían dicho antes de verlo; y la respuesta claramente fue cambiada por todos para poder cumplir los que los niños de Uganda pedían, que por cierto, eran bastante sencillos en la mayoría de ellos.

    Cuando uno labora también tiene un montón de sueños y estos se dividen entre los de los colaboradores en general y los que dirigen las organizaciones, desde cualquier cargo que conlleve dirigir personas.

    Ponte a pensar en este momento, desde tu posición en la organización, ¿qué tres deseos pedirías? (para aquí y ponte a pensar). Aunque los requerimientos de los colaboradores serían tan obvios en la mayoría de los casos, la principal duda que me salta es que la mayoría podrían ser cumplidos de una forma u otra, pero perdemos de vista que uno de los principales que los cargos de dirección no ven y que es relativamente fácil de cumplir, es uno que nunca lo toman en cuenta y tendría cambios radicales en todas las organizaciones y es: Haz que tu equipo no tenga miedo a fallar (Cliché o no, pero es una realidad ineludible).

    La creación de ideas en una organización, hoy por hoy es una obligación, pero la mayoría de ellas no ven la luz por miedo a lo que digan sus jefes, compañeros o al mismo hecho de fracasar; en el libro de Wise Guy: “Lessons from a Life”, se habla de que el miedo a fallar o a hacer el ridículo en las personas es más fuerte que el que genera una enfermedad y por lo tanto, se convierte en un freno natural a implementar cosas que no se han hecho nunca.

    Si tienes gente a cargo quizás no puedas cumplir muchos deseos de tus colaboradores, pero si puedes cumplirles uno: Haz que tu equipo no tenga miedo a fallar. Haz que las ideas salgan de todos aunque suenen absurdas o descabelladas, hazlos sentir que aunque se equivoquen diez veces, a la onceava estará esa que hace un trabajo excepcional en la organización y que funcione como un equipo, esa que hace olvidar que las empresas se basan en súper estrellas como Messi por súper equipos como el Liverpool de Inglaterra o el humilde Independiente del Valle.

    Si tienes la posibilidad de cumplir este deseo a tus colaboradores recibirás mucho más que los tres deseos que pensaste cuando empezaste la lectura, tan solo ayúdales a cumplirlos, ayúdales a no tener miedo.

    Autor: Miguel Viniegra Delgado.

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