Etiqueta: Jorge Sánchez

  • Pachangas

    Pachangas

    ¡Cambio! ¡Cambio! Grito asfixiado mientras me dirijo a la banda. Otro compañero entra apresurado para cubrir mi puesto. ¿Cómo es posible? ¡No hará ni diez minutos que empezó la pachanga*! Yo, que me pasaba horas jugando como si la final de la Copa del Mundo se disputara cada tarde en los soportales de la esquina.

    Entonces era un niño lleno de energía. Un niño de los que jugaba en la calle. Un niño de barrio. Un niño al que conocían las vecinas. Un niño que recogía las chapas del bar de la esquina para correr el Tour de Francia o jugar el Mundial. Un niño que luchaba contra el sueño cada viernes, para tratar de ver en la tele el “Un, dos, tres” hasta el final. Un niño que iba a misa los domingos por la recompensa posterior en forma de tebeo y cromos.

    No sé en qué momento se pierde esa chispa irrepetible de la infancia. Esas ganas de no perderse nada. Esa sensación de tener todo por descubrir; de vivir cada día en un lugar lleno de incógnitas que desvelar. Un entusiasmo desbordante que muere con los años a golpes de realidad. De repente, eres un adulto. De repente, estas rodeado de cinismo e hipocresía.

    La pachanga semanal es lo más parecido a regresar a esos años. Un grupo de personas con las que me siento libre. Una suerte de reencuentro con mi yo más auténtico. El intenso dolor intercostal me recuerda que el reloj no deja de correr. Las pachangas se acabarán. Todo acabará algún día.

    Deseo para mi hija una infancia, al menos, tan feliz como la que recuerdo. ¡Ese partido sí que es difícil! Criar a una persona es como disputar a diario la final olímpica de un deporte del que no conoces las reglas. Su felicidad será mi mayor victoria.

    Una de tantas historias incompletas sobre infancia. Historia 3/12.

    Autor: Jorge Sánchez

    *Pachanga: Partido de fútbol amistoso entre amigos (en España).

  • It´s just a ride

    It´s just a ride

    La recompensa merece el esfuerzo. Me repito ese mantra una y otra vez mientras asciendo entre el fuerte olor a azufre. Horas después compruebo extasiado que aquel lugareño no exageraba. Aridez y fumarolas humeantes. La vista desde el cráter del volcán me deja extasiado.

    Creo que jamás he estado tan apretado como en este traje de neopreno. Incluso forrado como estoy el agua se siente especialmente fría. La falla que surco, admirado por su vegetación submarina, separa las placas euroasiática y norteamericana. Geológicamente hablando, buceo entre dos continentes. Me siento especial e insignificante al mismo tiempo.

    Amanecer en este lugar idílico me hace feliz. Todo es verde desde mi ventana. El sonido de la respiración de las belugas, que remontan el fiordo para buscar comida, me conmueve. Ayer me salpicaban a bordo de la lancha de un experto rastreador de ballenas, que supo acercarme donde nadie llega.

    Estoy encaramado a la barandilla del puente a cientos de metros de altura. Las cataratas más grandes del mundo a mi espalda. El ruido del agua es ensordecedor. Salto. No puedo creer que lo haya hecho. La descarga de adrenalina me paraliza durante varios minutos con una sonrisa estúpida en la cara.

    A medida que la barcaza se interna mar adentro, crece mi sensación de arrepentimiento. Por alguna razón cuando piden voluntarios salto como un resorte. Apesta a podrido. En popa dos marineros bromean en alguna lengua que no entiendo mientras tiran tripas de pescado al mar. La jaula oxidada me sumerge en el agua. Tres enormes tiburones blancos nadan a mi alrededor atraídos por el inesperado festín.

    Pienso a menudo en esos momentos. ¡Me sorprende tanto que en mis ensoñaciones ya siempre me vea sin pelo! Aquí sentado, mientras el veneno que me administran pelea contra esta jodida enfermedad sin entender de aliados, los recuerdos me hacen sentir más vivo que nunca. Gané alguna batalla, pero perderé la guerra. Entre nauseas, retumban en mi cabeza como una revelación las líneas de Bill Hicks: It´s just a ride.

    Una de tantas historias incompletas sobre viajes. Historia 3/12.

    Autor: Jorge Sánchez