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  • En aquel momento

    En aquel momento

    En aquel momento de mi vida me sentía bien, completa, sabia. Compartía la cotidianidad de mis días con los mejores amigos que uno puede desear. Sentía que entendía el mundo en su totalidad, siendo parte de él y de sus fuerzas sutiles.

    Estaba en Sagitario, de viaje, explorando el mundo y explorándome, segura de mi trabajo y del poder del mismo como un regalo para el Universo… lo mínimo que podía aportar frente a las bondades que este nos ofrece.

    Poco a poco empecé a sentir que esta calma precedía a una gran tormenta. Una tormenta devastadora que tocaría lo más profundo de mi ser y el corazón de mi hogar, el de la familia en donde uno se siente seguro, quizás tan seguro que debemos salir corriendo de ahí para conocernos. Irnos al lado opuesto del continente, dejar el núcleo y cerrarnos, en gran medida a sus problemas para encontrar los nuestros propios.

    Cuando te di la noticia de que había conseguido la beca y que finalmente me iría a vivir junto al mar me preguntaste: “¿Segura Vale? No es obligación irse”. Y lanzaste una carcajada mediante la cual tu alma, previendo su destino me decía “quédate, acompáñame, me siento sola, te necesito”. Pero fuiste tú misma quien, paradójica y generosamente, me dejaste a la puerta de esa gran aventura.

    Y ahora me vuelve al pecho aquella sensación que, viendo al mar, me alertaba de una crudeza aún no experimentada.

    Inicios de septiembre del 2017, suena el teléfono: “Tu gatita murió (me acompañó desde niña). Aparentemente aquellas bolitas que tenía en sus mamas eran cáncer que llegó hasta sus pulmones. La encontramos tosiendo sangre con mucha dificultad para respirar”.

    Finales de septiembre del 2017, otra llamada: “Tu abuelo murió… estaba ya delicado en el hospital, sufrió un paro respiratorio”.

    En la playa dibujé un espiral de partículas mediante las cuales incorporaba y entendía que ahora él estaba en todas partes. La semana anterior a su muerte me contaba que había visto alguna cuestión sobre Fortaleza en la TV. Nos sentimos más cerca el uno del otro y me entraron unas ganas enormes de tenerlo conmigo y llevarlo de un lado para el otro de la playa y la ciudad, disfrutando de horas de conversación. Una semana después lo sentía ahí, a mi lado, en cada partícula de mi cuerpo y de mi entorno.

    Sin embargo, aún después de sentir esta muerte más o menos integrada, aquella angustia en mi pecho decía que lo más duro estaba por ocurrir.

    Inicios de noviembre del 2017, escuché tu voz: “Me entregaron unos exámenes que me hice hace un tiempo, dicen que tengo cáncer y que ya está en estado de metástasis en el pulmón”.

    Cáncer de tipo basal de mama triple negativo, adenomioepitelioma, con diseminación a ganglios linfáticos y probablemente en pulmones fue el diagnóstico exacto.

    Dos semanas después estuve de vuelta en Ecuador, mi único deseo era estar junto a ti.

    Lo que sucedió entre noviembre del 2017 y febrero del 2019 fue el proceso de degeneración de una persona que pasa de su total movilidad y lucidez a una mirada perdida ya presente en otro plano de la realidad. Un cuerpo transformado en palabras no expresadas debido a una incapacidad cerebral y en balbuceos desesperados por querer comunicar algo importante antes de morir. Cuerpo en deterioro exponencial acompañado de unas ganas de vivir y de una fuerza nunca antes vistas. Y, lo mejor que yo pude hacer en aquel momento fue perderme en el amor de un hombre que me nublaba la vista frente a esa crudeza que no quería, no soportaba ver.

    Sin mi Madre presente físicamente siento que algunas bases importantes en mí se han derrumbado. Me hacen falta su voz y su temperatura, aunque mi piel la guarde perfectamente en su memoria. Recuerdo aquel momento en que decidí grabarla para siempre en mí, consciente de que no habría vuelta atrás. Extraño aquel abrazo indispensable, su enorme entendimiento y consejos precisos.

    Todavía no recupero la confianza en mí, me siento insegura y poco creativa. Me cuesta entender mi trabajo anterior, aquel que con tanto amor hice y entregué al universo. Lo siento inútil, banal y superficial ya que de alguna forma no entiende la crudeza de la vida, aquella realidad dual, hermosa y siempre amenazada por el dolor y la muerte.

    Nancy Susana Vásconez Miño, te amo con todo mi ser.

    Una de tantas historias de viajes. Historia 6/12.

    Autora: Valeria León Vásconez

  • Alma viajera

    Alma viajera

    Cuando mis padres se casaron, mamá dio un giro a su vida. Como marino mercante, su esposo navegaba a lugares muy lejanos, por varios meses cada vez. Así que, para poder vivir como pareja, mamá renunció a su trabajo y se embarcó en los largos viajes junto a papá.

    Durante esos viajes, en la ruta Ecuador-Japón, fui concebida. Imagino a mi alma viajando millas sobre mar abierto para encontrarme…

    No tuve una infancia normal y eso me hizo muy feliz. Viajamos mucho en barcos cargueros hasta que llegó el momento de entrar a la escuela. Es extraño, me cuesta recordar lo que hice la semana pasada, pero no puedo olvidar algunos olores, el viento en mi cara, imágenes de ciudades nuevas y las locuras de mi hermano en esa etapa de nuestras vidas.

    Cuando entré a la escuela, desperté de mi maravilloso sueño. Papá tuvo que seguir trabajando lejos y mamá se quedó sola criándonos. Varios niños, e incluso maestros, no dudaron en encasillarme como una niña mentirosa. Una niña que decía que había viajado en barco a lugares muy lejanos y que su padre se encontraba en alta mar; cuando en realidad, de seguro, sus padres estaban divorciados y ella solo quería llamar la atención.

    Fue un cambio muy duro para mí. Quería volar por siempre. No necesitaba a nadie más en mi vida, solo a mi familia y viajar. El mundo era demasiado grande como para estar atrapada en un lugar lleno de gente que me maltrataba psicológicamente día tras día.

    Mi alma se sentía presa, inquieta y asustada.

    Los únicos momentos en los que mi alma estaba realmente en paz eran cuando estaba sola, o cuando estaba viajando. Esa es mi verdad, incluso ahora.

    Cuando viajo, siento una libertad difícil de explicar con palabras. Mis padres siempre decían que la mejor forma de aprender y crecer como personas es viajando. Conociendo lugares, culturas, modos de vida y comida diferentes; así uno enriquece su mente y alma, porque el mundo es demasiado grande y cada rincón tiene sus propios encantos, su propio aire y su propia energía.

    “Prueba siempre la comida local, conversa con los habitantes del sitio que visitas, escucha atentamente las historias que te cuentan los mayores, aprende la historia del lugar donde estás parada, respira profundamente ese aire porque no se volverá a repetir, aprende otro idioma para que puedas comprender a otros y, sobre todo, respeta, respeta siempre a las personas que te rodean, sus costumbres y su historia”.

    Todo lo que uno aprende viajando se aplica en la vida diaria: respeto, conocimiento, comer todo lo que te sirven, adaptación, paciencia, tolerancia, disfrutar momentos y no posesiones, hacer amistades, apreciar la soledad, probar cosas nuevas, encontrar belleza en lo simple, vencer miedos, valorar nuestra salud, y, lo más importante: descubrir de lo que somos capaces. Cuando muera, mi alma estará cien por ciento libre otra vez y mis cenizas volarán entre montañas. Hasta entonces, seguiré trabajando duro para saciar a esta alma viajera e inquieta.

    Una de tantas historias incompletas de viajes. Historia 1/12.

    Autora: María José Montalvo

  • 4 (++++)

    4 (++++)

    Hoy tuve un muy buen día en mi oficina, pero ya son las 18:30 de la tarde y es momento de emprender el camino a casa. Mi oficina principal está en Ambato, pero vivo en Quito, capital del Ecuador. La distancia entre estas dos ciudades, es de 127 km, si tomamos con referencia la distancia exacta entre mi casa y la fábrica.  Este recorrido lo hago prácticamente todos los días. Cada trayecto me toma entre una hora y media, y dos horas con quince minutos. Así, me paso básicamente entre tres y cuatro horas al día sentado en un vehículo. A menudo, la gente me interroga sobre mi ritmo de trabajo, ya que entre el tiempo que paso en la oficina y los viajes, suman no menos de 15 horas completamente ocupadas. Pero, aunque suene extraño, no me incomoda, pues me gusta mi trabajo y amo manejar.

    Retomando mi relato… es la hora de salir a casa, tengo dos horas por delante y espero llegar a las 20:30 para ver a mi esposa, darle un beso en la frente, un abrazo y sentarnos a cenar. Amo esta rutina en la noche, es como si el mundo se detuviese… la sonrisa de mi esposa, su hermoso cabello rojo, su risa sin maldad y su enorme preocupación porque esté bien, hacen de mi hogar, un lugar al que siempre quiero volver, sin importar la hora a la que termine de trabajar y pese a que tenga la opción que me ofrece la empresa de quedarme en un muy buen hotel para que evite viajar tanto. Como siempre, a esta hora ya está oscureciendo y hace frío, pero la carretera está tranquila y los paisajes de las provincias de Tungurahua y Cotopaxi al anochecer son algo que disfruto por la enorme calma que me dan.

    Después de dos horas exactas llego a casa, abro la puerta y me encuentro con mi esposa y un gran amigo, que también es vecino. Su esposo está Miami, así que usualmente se pasa por nuestra casa a saludarnos y siempre que lo hace entablamos una entretenida conversación, pese a su carácter peculiar, entre tosco y bondadoso. Diría que es una persona que demuestra un cariño inmenso por las personas que siente que lo cuidan y lo respetan, pero resulta arisco cuando se siente incómodo o considera que no es tratado como debería. En casa lo llamamos  cariñosamente “el Gordo”, él nos llama, “la colorada” a mi esposa, y a mi “el socio”.

    Hola socio, ¿qué tal el viaje? ¿qué tal la vida por Ambato? ¿Ya vendiste todos los zapatos de la planta?

    No gordo, todavía nos quedan muchos pares por vender, así que mañana tocará volver y seguir trabajando.

    Oye socio, ¿no tienen ganas de salir a cenar hoy de noche?

    Veo la cara de mi esposa con las mismas ganas de salir que tengo yo, nos cruzamos un par de miradas y le decimos en coro… ¡Nos vamos a cenar gordo! Anda a coger una chompa y te esperamos en el parqueo, nos vamos en un solo carro, en el nuestro. 

    Pese a conocernos ya hace más de un año, el gordo no conoce de mi severa alergia a los mariscos y pescados. Es por eso que debo explicarle lo que siempre repito a las personas que salen a comer conmigo la primera vez. A ver, no te asustes, pero tengo una alergia conocida como “4++++”, que su nombre permite de forma numérica explicar el nivel de sensibilidad que tiene una persona a ciertos alimentos y que el organismo ataca de forma agresiva para eliminarlos, pero generando un efecto adverso. Las reacciones alérgicas se miden de acuerdo al test de Prick, en una escala del 1 al 4, y cuando llegas al número 4, se agregan entre uno y cuatro signos “+” a la derecha.  Así que una persona con una alergia como la mía, básicamente se ganó la lotería de la mala suerte. En ese momento la cara del gordo era una mezcla entre entretenimiento por un aprendizaje médico y el miedo de salir a comer con alguien que realmente podría morir.

    Oye socio, y si comes mariscos o pescados, ¿qué tienes que hacer?

    A ver, básicamente tengo que seguir mi protocolo de forma estricta y consiste en: Sacar mi inyección de epinefrina de la maleta, que siempre me acompaña a cualquier lugar a donde voy. Después, debo sacar mi bolsa de pastillas de emergencia, que contiene dos pastillas de DEGLALER PLUS, una de SINGULAIR y dos de AZAFLACORT. El protocolo arranca, debo tomarme las pastillas en el mismo orden que te lo he dicho. A medida que me tomo cada una, debo registrar mi pulso poniendo los dedos sobre mi cuello en un intervalo de 15 segundos, luego los multiplico por cuatro y verifico si este se incrementa de forma agresiva. Sé claramente que cuando el ritmo va a 110 pulsaciones estando sentado, es porque estoy teniendo un ataque de pánico; y un ataque de pánico es una muy mala noticia para alguien que tiene una reacción alérgica conocida como shock anafiláctico. A medida que avanzo, mi último recurso es la inyección de epinefrina, que es un dispositivo bastante simple que tiene la enorme ventaja de contar con un botón en la parte superior, que, si lo aplastas atraviesa la ropa, la piel e ingresa al torrente sanguíneo en pocos segundos. Sé que voy a perder el conocimiento por unos segundos, por eso siempre tiene que estar alguien cerca de mí. Una vez que está en la sangre, el pulso se dispara a un nivel supremamente alto, como si tuviese un infarto, para luego caer a un nivel de relajación profundo que desaparece después de cinco o seis minutos. A partir de ahí, debo poner mi reloj en cuenta regresiva en dos horas y si por alguna razón no tengo la inyección, tan solo en 15 minutos para llegar a un hospital.

    ¡Ah no! ¡Qué ofertón socio! por suerte le dan dos horas…déjame ver esa inyección de epinefrina que me dices.

    Está atrás en la maleta.

    Socio… dejó la maleta en la casa cuando me saludaste.

    ¡Mierda! Pues esa es mi única inyección de epinefrina, porque la otra está en el carro de mi esposa… Ni modo gordo, seguro que hoy no pasa nada.

    Esa misma noche tuve que ingresar de emergencia a un hospital en la ciudad de Quito por un shock anafiláctico. Por desgracia, no pude programar mi reloj en cuenta regresiva en dos horas, sólo pude colocarlo en 15 minutos. Durante ese tiempo pude mantener relativamente la calma y decirle a mi esposa cuánto la quería, sin que ella tampoco tenga un ataque de estrés, pero consciente de que muy probablemente fuese nuestra última noche juntos.

    Hoy puedo escribir esta historia gracias a un milagro que me amplió el tiempo de estadía en la tierra, pese a que un mesero consideró que mi explicación era una exageración que no requería ser tomada en cuenta y que mi tiempo ya había sido suficiente.

    Una de tantas historias incompletas sobre comida. Historia 3/12.

    Autor: Miguel Viniegra

  • Espaguetis

    Espaguetis

    Ahora que ya no puede recordar, lo justo es que recuerde yo por él.

    Siempre he creído tener una muy buena memoria a corto plazo, soy capaz de recordar muy bien conversaciones casi completas de hace un par de días, pero mi memoria a largo plazo es horrible. Mi infancia es una nebulosa, pero no quiero llevaros a engaño, es una galaxia lejana, pero feliz, muy feliz, en la que puedo distinguir ciertos planetas con relativa nitidez.

    Hay un recuerdo especial, que son muchos a la vez. Es un recuerdo de un instante repetido decenas de veces, con un grado de satisfacción altísimo cada una de ellas.  La primera vez de la que tengo registro, yo era un mocoso que apenas alcanzaba de altura la encimera que tenía la cocina de casa. Ahí estaba, clavado al lado de mi padre, entre aburrido y deseoso.

    El bueno del aita (palabra del idioma euskera que significa papá), como todo el mundo llama a mi señor padre, como si fuera una especie de referencia cercana, casi paterna para sus amigos y familia, los fines de semana se pasaba dos gloriosas horas disfrutando de uno de sus pasatiempos favoritos, la cocina. Ese domingo, como tantos otros que vendrían después, tocaba espaguetis. ¿Dos horas para unos espaguetis? Sí. Y merecía la pena cada minuto empleado para ese plato de cocina italo-española-ecuatoriana, para ese manjar de pasta elevado a la categoría de arte.

    Yo era el único de mis hermanos que disfrutaba de manera integral de este delicioso proceso. Cada uno de los pasos, metódicos, calibrados, exactos, pasaba por mi visto bueno, a través de una cucharilla. Lo probaba todo y en los puntos del proceso que más me gustaban, hacía algo más que probar. Yo jugaba a hacer que me lo iba a comer todo y él jugaba a hacer como que se enfadaba conmigo por “entorpecerle” la receta.

    “Venga, vete de aquí”, me decía sin ninguna intención ni esperanza de que le hiciera caso. Y yo me mantenía merodeando al llamado de unos aromas que aún consigo recordar. Si cierro los ojos, y pienso en esos momentos con mi padre, soy feliz, y recuerdo exactamente a qué sabían esos espaguetis.

    Una vez transcurrido todo el proceso de cocción, empezaba a haber mucho jaleo en la cocina, mi madre ordenando el tráfico, todos ayudando a poner los platos, mi padre pasando una descomunal olla a la mesa y ya, en formato jauría, mis dos hermanos mayores y mi hermana menor devorábamos los espaguetis concienzudamente.

    Ahora que ya no puede recordar, lo justo es que recuerde yo por él. Ahora que el Alzheimer galopa imparable y furibundo, ahora que esa receta lleva camino de la extinción, ahora que estoy a 10.000 kilómetros, ahora que un virus de mierda amenaza con cargarse el mundo, ahora es cuando más añoro ese aroma, ese sabor, esos juegos de tira y afloja, esas regañinas con sonrisas y el estar todos juntos sentados a la mesa devorando sin compasión dos horas de un trabajo, metódico, calibrado, exacto y lleno de amor. 

    Una de tantas historias incompletas sobre comida. Historia 1/12

    Autor: Félix Espoz.

  • Ecuador, año 2064.

    Ecuador, año 2064.

    La increíble historia de cómo un país pasó de ser de uno los más pobres de Latinoamérica, a uno de los más prósperos del mundo en tan solo 30 años, se entiende solo si conoces de cerca a la presidenta Carla Anata Anauga Lozano.

    Después de una terrible crisis económica, una ola de corrupción sin precedentes y un futuro incierto, una mujer de origen indígena, profesora de Economía en una universidad pública y madre de tres pequeños, decide convencer a su esposo de que ella podría cambiar el país. Desde ese momento, ya han pasado 34 años. Esta pareja inseparable frente a los focos de todas las cámaras tiene claro que sus responsabilidades no se mezclan. Mientras él maneja un taller mecánico de vehículos eléctricos y drones de transporte de personas (de hecho, Ecuador posee el mayor número de estos vehículos per cápita en el mundo), ella es la figura clave de un gobierno que funciona como un reloj suizo o, como ella misma dice: “Con la misma eficiencia que nuestro transporte público”, que por cierto es gratuito y en los últimos cinco años tuvo una mejor tasa de puntualidad que el metro de Tokio. Pero dejando de lado los temas menores, es importante entender que el progreso de Ecuador solo se entiende si se conoce a esta extraordinaria mujer.

    Esta reseña de la figura del año 2064 para TIMES, la hemos decidido realizar en base a seis frases tomadas de diferentes intervenciones durante estos 34 años de gobierno.

    1. “La salud y la educación serán gratuitas y de calidad en el Ecuador solo si cinco o más mandatarios consecutivos se enfocan en lograrlo. El que no piense igual es un simple politiquero”.

    Esta declaración es clave por dos cosas: la primera, es que en Ecuador en efecto la educación y la salud son gratuitos, y esta última en la mayoría de los casos es realizada por medio de robots autónomos de última tecnología; y segundo, que los últimos siete mandatos han mantenido la visión que Carla Anata Anauga Lozano expresó a su población hace más de 30 años, ya que, desde ese día, ella ha sido la única presidenta del Ecuador.

    • “Toda empresa que tenga más de mil empleados y su sueldo más bajo sea el doble de un salario básico, pagará únicamente una tasa del 10% de impuesto a la renta. Esos empleados generan más valor que 100 mil políticos”.

    Es importante recordar que el salario mínimo en Ecuador es ligeramente inferior al de naciones como Canadá o Australia, aunque superior al de planetas como N10 y Brok, y actualmente se caracteriza por tener empresas con una gran cantidad de empleados, donde destacan Ecuadorian Food, HP, Tesla Motor Company INC, Huawei, Solar City, Harvard Institute, Intel INC, entre otras.

    • “Un país no puede darse el lujo de tener más políticos que científicos. El día de hoy, 19 de mayo del 2057, se ha aprobado mediante consulta popular, que el Congreso de la República cuente solo con 24 congresistas y un alterno por cada uno. De la misma forma, se han modificado los perfiles mínimos para ocupar dicho cargo. Es el momento de tener gente que cambie el país”.

    Actualmente un congresista en Ecuador debe contar con estudios de cuarto nivel terminados, hablar un idioma adicional al de su lengua materna (el español es la lengua materna del país), contar con una experiencia mínima de 10 años en el sector privado y otros 10 en el público, y contar con al menos 45 años de edad. Los sueldos de estos congresistas son de los más altos del país y existen varios casos donde CEOs de empresas muy reconocidas han decidido pasar al servicio público. Desde hace diez años, ni siquiera es requisito ser ecuatoriano y el enfoque es conseguir “a lo mejor de lo mejor”, que permita al país contar con un desarrollo exponencial. El 12.5% de los congresistas son extranjeros y es el único caso en el mundo actualmente. Adicionalmente se está analizando la posibilidad de incluir a un robot con Inteligencia artificial 6.3 en la próxima legislatura para realizar proyecciones macroeconómicas de alta complejidad de forma más rápida y asertiva.

    • “La seguridad social desde el día de hoy pasará a ser de carácter privado; ya no habrá más aportes para pagar sueldos de funcionarios ineficientes o ser la caja chica de algún gobierno”.

    Desde enero, el plan de pensiones del Ecuador está comenzando a realizar los primeros desembolsos a sus jubilados bajo este sistema, que, si bien no son extraordinarias en relación al ingreso promedio del país, si tienen una diferencia sustancial al plan público predecesor.

    • “Todo negocio relacionado con el turismo dejará de pagar impuestos al estado. Debemos convertirnos en una potencia turística mundial. Desde mañana desaparece el IVA, Impuesto a la Renta, cobro de patentes, etc.”.

    Actualmente el Ecuador es el onceavo país con mayor número de turistas por año, y se encuentra en un boom de construcción de infraestructura de servicios turísticos por las ventajas impositivas que otorga, y, sin duda, porque genera un placer indescriptible el visitarlo. En esta medida no se encuentran las Islas Galápagos, las cuales solo pueden ser visitadas si eres ganador del sorteo anual de cupos de viaje y tu estadía es menor a siete días. Se espera que, para finales del 2067, Ecuador tenga el primer aeropuerto suspendido sobre el pacífico, lo que permitirá recibir una mayor cantidad de vuelos en sus ciudades turísticas, ya que este sistema permite mover las pistas casi a cualquier lugar en cuestión de días dependiendo de la demanda.

    • “Si quieres a tu país, no robes; si quieres a tu país, no engañes. Pero si pese a todo, sigues sin quererlo, es mi responsabilidad separarte de nuestra sociedad, porque tus actos afectan a la gente honrada, noble y trabajadora”.

    Desde hace más de 25 años, Ecuador creó un sistema de justicia que define con claridad cómo los actos fuera de la ley deben ser pagados a la sociedad. Es muy común ver como gran parte de todas las oficinas públicas cuentan con personal de mantenimiento compuesto por presos con sentencia en firme, que deben devolver económicamente 1.5 veces el perjuicio causado, mediante su trabajo. Actualmente Ecuador cuenta con más de 100 políticos encarcelados que todavía no devuelven esta tasa, y no podrán recuperar su libertad, aunque hayan cumplido su tiempo de condena (el ex Congresista Carlos Parco Vivez, lleva más de 20 años preso). Este punto quizás es el más polémico de la mandataria, pues también logró aprobar la pena de muerte para violaciones y cadena perpetua para casos de abuso de menores. 

    Como toda figura política, no está exenta de polémica; y seguro Carla Anata Anauga Lozano posee una gran cantidad de defectos, pero es casi imposible no admirar la tenacidad, creatividad y liderazgo que posee esta presidenta. Si eres ecuatoriano, debes sentir un orgullo desbordante por lo que representa para el mundo, y si eres un ciudadano de otro país, tan solo admiremos y aprendamos, porque Ecuador nos ha dado una lección por medio de una mujer que cambió a un país.

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 8/12.

    Autor: Miguel Viniegra

  • El sol en las manos.

    El sol en las manos.

    Ahí estaba yo, sentado frente a la televisión, siendo solo un niño, viendo a David Copperfield atravesando la Gran Muralla China. Ese truco de magia fue el inicio de mi obsesión, una obsesión que tras más de 20 años me ha llevado hasta aquí, hasta un lugar recóndito de la selva de Guatemala, a una antigua ciudad maya de la que sólo quedan las ruinas de sus impresionantes pirámides.

    Aquí, sentado en la cima del templo más grande de Topoxté, escribo estas líneas a modo de diario, a modo de despedida, hasta mañana no lo sabré. Temprano, cuando salga el sol, emularé al mago Copperfield, cerraré el círculo, pero no habrá juegos de espejos ni de luces ni televisión, estaré sólo y seguiré un ritual tan antiguo como la propia magia.  

    Mi investigación acerca de cómo el televisivo mago consiguió atravesar una muralla empezó muy despacio, casi no había nada de información al respecto, solo un incipiente Internet que dista mucho de lo que es ahora, y en la biblioteca más cercana a casa no encontraba ningún libro de magia digno. Así que, según fui creciendo, iba almacenando pistas, detalles, esquemas, nada muy reseñable. Hasta que un día, casi 8 años después, vi en un vídeo de Youtube cómo un mago con la cara tapada destripaba infamemente mi obsesión: no era más que una burda ilusión. Un fraude. No me lo podía creer. Todo ese tiempo perdido. 

    Esa noche apenas pude dormir. Revisaba mis cuadernos de apuntes, organizados por años, por civilizaciones, por periodos históricos en los que había alguna referencia sutil a rituales en los que se cruzaban portales… todas aquellas notas… debía haber algo más. Pero todo era tan confuso.

    Al fin, en esos oscuros días para mí, encontré algunas respuestas en la web, en la Deep web. Había mucho loco hablando de esto, pero entre tanta mierda, la información real era como pequeños rayos de sol que se filtraban iluminando un camino hacía la verdad que tanto anhelaba.

    Mis dos mejores pistas me conducían hacia dos civilizaciones antiguas de América Latina. Siguiendo la primera de ellas perdí un mes entero visitando a diario las ruinas incas de Ingapirca, en Ecuador, pero el paso de los años había borrado cualquier vestigio de aquello que precisaba.

    Cerrada esa puerta, me aferré con todas mis fuerzas a lo único que me quedaba. Historias difusas acerca del Popol Vuh, el libro sagrado de los mayas. Fray Francisco Ximénez tradujo en 1715 un texto de 1500 que se cree que fue escrito por un indio que aprendió caracteres latinos. Este indígena habría transcrito las historias de la creación del universo contadas por los ancianos, que fueron transmitidas de generación en generación.  En esos 200 años, aseguraban distintas teorías, se perdieron algunos capítulos referentes a magia, conjuros y rituales, poco adecuados para una civilización occidental que se alejaba del misticismo no católico.

    En Ciudad de Guatemala, visité a cualquiera que se nombrara a sí mismo como experto en la civilización maya, pero me veían como a un loco cuando les preguntaba por atravesar paredes y por portales interdimensionales. Al fin, hace una semana cayó en mis manos un viejo libro que habla de un ritual maya que conecta mundos. Mi última oportunidad.

    Y aquí estoy, en Topoxté, lejos de los turistas que duermen ahora en las ruinas de Tikal, o de Yaxhá, esperando presenciar el amanecer sobre las ruinas y ver pasear a los jaguares. Si mañana continúa mi relato es que lo he conseguido.

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    Son las cinco de la mañana. Empieza a haber un poco de luz. Cojo el manuscrito. Lo leo otra vez, y ya van 100. Me lo sé de memoria. Me sudan las manos. Empiezo a recitar mentalmente los pasos. Entro por una puerta que despejaron los arqueólogos hace un mes. Una pequeña estancia oscura que servía para algunos rituales, me parecía propicio, casi poético.

    Puse ambas manos sobre la pared, cerré los ojos para concentrarme y empecé a recitar los conjuros. Las 20 estrofas que componían el ritual. Los recitaba esperando que el no saber el idioma no impidiera que funcionaran. Que de alguna manera sonaran como deberían. Según los decía, en mi cabeza resonaban, además, un par de frases a modo de instrucciones: despeja tu mente de tal manera que nada te ate, que nada te frene en tu viaje.

    Parece que nada pasa, llevo seis estrofas, abro los ojos y veo como mis manos empiezan a atravesar la pared, lo puedo sentir. Estoy atravesando la pared. Tormenta de emociones internas. No es que la pared se diluyera, no es que mis manos perdieran su composición física, es que mis manos empezaban a ser fría y dura roca. Siento miedo, siento dicha, me cuesta no llorar. Sigo, estrofa 7, 8, 9, paso de los codos, empiezo con el pecho, sin atreverme a meter la cara; 10, 11 y 12, siento el sol en las manos. Parte de mi cuerpo está del otro lado. No lo puedo creer. 13, 14, 15, meto poco a poco la cabeza, digo mentalmente la 16, la 17, y la 18, espero con tantas ganas sentir el sol en la cara, el resultado de tanto esfuerzo, de tanta lucha, de tanta frustración. Le podré demostrar a todos que se equivocaban, que me habían juzgado mal, que no estaba loco. Estoy llorando, 19, y última estrofa, la 20, ¿el viento?, ¿el sol?, ¿dónde están?, ¿lo he logrado?, ¿en qué mundo estoy?, ¿y el aire?, ¿el aire?…

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 7/12.

    Autor: Félix Espoz

  • Liberium

    Liberium

    Durante los últimos cinco años, el liberium se ha convertido en el combustible más deseado del mundo. Hasta el momento, únicamente se conocen trece países que cuentan con este mineral, tan escaso como los diamantes en el siglo XXI. Después de varias investigaciones realizadas por los expertos más reconocidos del mundo, se pudo descubrir que el Liberium es un mineral que permite mantener la inclinación del eje de la Tierra sobre el plano de su órbita, también llamada “oblicuidad de la eclíptica” y es de 23,43°. Además, hemos descubierto que posee una capacidad casi infinita de generar energía. Extrañamente, este mineral solo se encuentra alrededor de la línea Ecuatorial, y ésto ha generado que varios países que antes no tenían mayor importancia a nivel global, ahora se hayan convertido en jugadores críticos, que decidirán el próximo siglo económico o las próximas guerras mundiales. Mientras más cerca del centro de la tierra estás, el mineral es más abundante, y mientras más te alejas de éste, fuera de la línea ecuatorial, simplemente no existe; por lo tanto, en este nuevo orden mundial, las nuevas potencias, aunque ellos todavía no lo sepan, son Ecuador, Colombia, Brasil, Santo Tomé y Príncipe, Gabón y el Congo. Si bien la línea ecuatorial también atraviesa por otros seis países más, como el Congo democrático, Uganda, Kenia, Somalia, Indonesia y Kiribatí, estos países como es habitual en todas sus épocas democráticas, cada vez que encuentran algo que los pueda llevar a la riqueza económica y social, siempre encuentran la forma de transformarlo en alguna sangrienta guerra civil, que no se sabe con exactitud cuándo comenzó, ni cuándo terminará. Por esto Jhon, creo es imprescindible hacerse con el mando de América latina, cuanto antes.

    Michael, entiendo la importancia de someter a América Latina, de hecho, éste es el encargo más fácil que hemos tenido en nuestra historia. ¿qué tan difícil puede ser convertir un montón de políticos y presidentes corruptos, en firmantes de un contrato que les permitirá convertir a sus ciudadanos en los nuevos Jeques del siglo XXII?

    Que el plan parezca fácil, no significa que podamos cumplirlo Jhon; no es la primera vez que China se entromete en nuestro camino, o que Rusia intenta persuadirnos con una hipotética guerra mundial. La gran ventaja que tenemos, es que ahora sabemos dónde está el liberium y qué país nos interesa manejar primero; y ahí está la lotería y solamente nosotros sabemos el número ganador.     

    Ya recibí el informe del doctor Stevens, y es increíble la capacidad que tiene el liberium para generar energía de acuerdo con el cuadro de potencia del informe siete. De acuerdo a la información que acabo de leer, únicamente necesitamos diez gramos de liberium para dar energía a toda Nueva York durante un año, y solo en Quito, la capital de Ecuador, acabamos de descubrir que hay más de nueve mil billones de toneladas del más puro Liberium debajo de una horrible bola de cemento, a la que llaman “La mitad del mundo”. Jhon, si bien podría ser complicado convencer a todos los gobiernos de América Latina de cedernos sus territorios, sobre todo Brasil y Colombia, debido a la extensión de sus territorios y la cantidad de políticos que deberíamos sobornar, creo que el país ideal que debemos “comprar” es Ecuador. Es la fuente más pura del mundo y de acuerdo al mismo informe del doctor Stevens, sus reservas son iguales a la del resto de países de la línea ecuatorial en su conjunto. Me queda claro Michael, y sé lo que hay que hacer, solo tengo una consulta, ¿Cuánto liberium podemos extraer sin afectar a la oblicuidad de la eclíptica?, y ¿Qué impacto tendría si nos pasamos de la cantidad y cómo lo corregiríamos?, todavía no tengo las conclusiones del informe Jhon, así que vamos a tener que pasar a la operación “Condamine” sin ellas.

    «Muy buenas tardes a todos, es un gusto para el Gobierno Americano y en especial, para nuestro presidente Jhon Benjamin O’Connor, oficializar formalmente la mayor inversión privada en el Ecuador de toda su historia. Durante los próximos cinco años, Estados Unidos y sus empresas de investigación y explotación de minerales, invertirán en el país no menos de setenta mil millones de dólares por año y generarán al menos doscientos treinta mil nuevos puestos de trabajo para los ecuatorianos, mejorando su calidad de vida de forma considerable. También, debemos reconocer el enorme esfuerzo que ha realizado el Ecuador por medio de su presidente José Joaquín Flores y todo su equipo de trabajo, para lograr este acuerdo histórico, que permitirá llevar al país a ser uno de los más prósperos de la región, y seguramente del mundo, si su administración continúa siendo tan acertada como la de los últimos cinco años. Como acto simbólico, a continuación, tanto el presidente O’Connor, como el presidente Flores, realizarán una extracción de liberium de la mina “Mitad del mundo”, con el fin de demostrar a la ciudadanía la facilidad de su extracción, y al mismo tiempo, el nulo impacto ecológico con la que se realiza».

    Por favor señores presidentes, procedan con el evento simbólico.

    ¡Michael, Michael!

    ¿Sí?, ¿Doctor Stevens?

    Sí, soy el Doctor Stevens, tienes 8 minutos para sacar al presidente de ahí, la inclinación de la tierra se movió 1,2° solo con la extracción que acaban de hacer, la mayor parte de Sudamérica quedará bajo el océano pacífico en media hora; es necesario que saques al presidente hasta que encontremos cómo corregir el ángulo con una extracción al otro extremo de la línea ecuatorial…

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 4/12.

    Autor: Miguel Viniegra Delgado