Día: 18 de julio de 2020

  • Inseguridad desde Neptuno

    Inseguridad desde Neptuno

    -“Bueno, qué me queda…” – pienso con resignación al apagar la tele, mientras mentalmente repaso todas las actividades que tendré que hacer al día siguiente y que, después de 3 meses, me obligarán a salir.

    3 meses sin ver la calle, casi sin contacto con gente, sin recordar el tráfico, los buses, las correteaderas, las distancias largas… madre mía: ¿Cómo hacíamos antes?

    -“No sé para qué me compro tantos pantalones, si solamente me pongo 3” – me digo, mientras abro el armario y busco el mismo pantalón cómodo y holgado que siempre utilizo para ir al supermercado. Solo que esta vez no iré al supermercado y esta vez el pantalón no me queda ni cómodo ni holgado…

    -Ajá…

    Un momento. Yo no horneé pasteles ni cupcakes dignos de Instagram (¿con qué tiempo?). Llevo meses sin comer en la calle (¿solíamos hacer eso, comer en restaurantes? ¿Salíamos?). Mi ansiedad no se tradujo en comida tan calóricamente culposa que mataría de un infarto fulminante a mi propio cardiólogo (¿o sí?). ¿Por qué el ojal ha decidido practicar distanciamiento social del botón de mi pantalón favorito?

    Qué mal me siento. Qué culpable me siento. ¿De dónde engordé tanto? Por Dios, ni yo me aguanto el mal humor que llevo dentro. Siento que peso mil kilos. Siento que soy un planeta cruzando la avenida Javier Prado. El sistema solar. Siento que tengo cintura de refrigeradora. Cruzo la calle dando botes. Qué mal me siento. Qué culpable me siento.

    Volver a casa por la tarde, dirección la ducha. Inevitable mirarme en el espejo. Me veo desnuda, me veo cansada, y el espejo reflejando mis kilos extra de cuarentena en estreno. La nueva convivencia me espera pronto, algún día, lo sé; de momento me espera una ducha muy caliente, que me haga olvidar por 30 minutos al mundo exterior.

    Un momento… pero, ¿de qué se queja mi vanidad? Ana, por favor, hay gente que se está muriendo allá afuera y tú sufriendo por haber cogido un par de kilos. Sí, pero el pantalón ya no me queda. Sí, pero Ana, vamos, que al menos tú tienes un techo y agua caliente y hay gente que la pasa muy mal allá afuera, eh, Ana, por favor. Sí, pero ahora cómo hago para que el resto de la ropa me quede tan cómoda como antes.

    Qué abanico de emociones. Me siento fracasada, desmotivada, ansiosa y molesta conmigo misma. Qué vulnerables nos sentimos las mujeres cuando la balanza nos muestra un par de kilos demás. Cómo a veces podemos sentir que nuestro amor propio, nuestra autoestima y nuestra confianza se van de viaje un ratito a Neptuno (con mascarilla) y con pasaje de ida. Me avergüenzo de mi cuerpo.

    No. No te avergüences de tu cuerpo. Nunca de los nunca, jamás de los jamases. Tu cuerpo es perfecto tal y como es, Ana. Tu cuerpo te sigue el ritmo, respira, baila, se acelera, corre, salta, ama y se deja amar, se mete al fondo del mar y regresa de nuevo a la orilla cual comercial de cerveza, se cae y se levanta, aguanta madrugones, horas interminables de trabajo, ritmos agotadores, entrenamientos de campeonato. Tu cuerpo es ingeniería pura y perfecta. Que ese ingrato par de kilos no tumben al mujerón que eres, Ana. No lo castigues así. No te castigues así.

    Mientras me envuelvo más en la toalla, no puedo evitar el abrazarme fuerte, a mí, a mi vanidad y a mis inseguridades. Huelen a mi jabón favorito. Las abrazo, les sonrío, las perdono. Me perdono.

    Una vez más. Ya quisiera Barbie tener la seguridad, la autoestima y el amor propio que me ha costado años construir.

    Una de tantas historias sobre mujeres. Historia 11/12

    Autora: Silvia A. Lucho Molina.

  • Al estilo fit

    Al estilo fit

    Inicié esta loca carrera de vivir al estilo “fit”; es decir, a tener una vida saludable, hace 6 años, cuando estaba atravesando una etapa difícil en mi vida. Me sentía destrozada por dentro y definitivamente esto se me notaba por fuera: me sentía y veía poco atractiva, confundida, muy insegura de mí y llena de tristeza. Me había olvidado de cuidar de mí y de mi felicidad.

    ¿Has notado que cuando no nos sentimos bien es como si enviáramos al universo un mensaje o una vibra tan negativa que el universo nos responde de la misma manera y terminamos sintiéndonos peor, como si lleváramos sobre nosotros una carga demasiado pesada que no nos deja ser libres, ni disfrutar de la vida?

    Como puedes ver, no lo estaba pasando nada bien…

    ¡Hacer ejercicio fue mi gran comienzo para recuperarme! A los pocos meses empecé a notar cambios positivos en mi cuerpo, los cuales quise mejorar aún más, así que comencé también a comer de manera saludable.  Aunque, debo confesarte que, es la parte más difícil. Con el pasar del tiempo me di cuenta de que cada vez que hacía ejercicio y comía saludable me estaba demostrando lo más importante: que me amo, que me quiero cuidar, que lo valgo y que lo merezco. El ejercicio tuvo un gran impacto en mí y me ayudó, no solo a superar una etapa difícil, sino que me llevó a un siguiente nivel, que ahora te contaré.

     A lo largo de estos 6 años he pensado que debo estar loca para querer ser una “mujer fit” hasta que sea abuelita. A pesar de que no suena tan complejo (comer bien y hacer ejercicio), en la práctica es otra cosa. ¿Te lo has preguntado? ¿Comer muchos vegetales en todas las comidas? ¿Tanto Brócoli? ¿Espinaca? ¿Menos sal? ¿Menos azúcar? ¿Más proteína? ¿Menos papitas fritas? (Yo AMO las papitas fritas y también los postres) ¿Entrenar de 3 a 6 veces por semana? Vaya que es más demente de lo que pensaba. Requiere de mucho esfuerzo y tiempo; a eso hay que sumarle el sudor constante, el dolor muscular diario, un mal día laboral, los problemas de horario, la pereza de no querer entrenar muchos días. En fin, si has hecho ejercicio y dieta sabes de lo que hablo y no suena nada bien ni es un grandioso plan al que todos quieren apuntarse, si lo vemos de esta manera. Pero también pienso: ¡Que sería de este mundo sin un poco de locura! Así que decide hacerlo por ti, porque le hace bien a tu mente y cuerpo. Y es que cuando tomas la decisión de hacer algo, lo que sea, pero de corazón, y das los primeros pasos y no te rindes, al universo no le queda más que concederte eso que tanto anhelas y actúa como un rompecabezas donde las piezas se van acomodando para ayudarte.

    Tengo días buenos en los que la motivación está a tope, y días malos en los que lo último que quiero hacer es entrenar y comer vegetales. Pero aún en los días malos, llego al gimnasio y con una gran actitud digo: “¡Hoy vine a dar lo mejor de mí, no estorben!”. Estés motivado o no, haz lo que tienes que hacer. Tampoco seas extremista, es importante mantener el equilibrio. De vez en cuando come alimentos ricos, no tan saludables, mientras compartes con tus amigos y familia. Esto también te hace bien. Escápate al cine y come canguil, baila toda la noche o sal un fin de semana de paseo y come lo que avances en un picnic, tómate un gran descanso y duerme muchas horas si has tenido una semana muy difícil, lo mereces.

     Debo confesarte que tampoco es que tengo el mejor cuerpo, ni llevo la dieta más saludable del mundo, pero un día cuando me disponía a salir de casa, realizaba una última mirada e inspección al espejo para verificar que todo esté en su lugar (ya saben, cosas de chicas) y algo llamó mi atención y me cautivó totalmente. Ese día sí, el vestido que usé lucía mis curvas, tenía un lindo peinado en mi larga y negra cabellera y un hermoso y sencillo maquillaje en mi rostro. Pero, además, mi sonrisa era enorme. Mis ojos literalmente brillaban. Me sentía simplemente espectacular. ¿Sabes qué fue lo que llamó mi atención? Que era un día cualquiera. No tenía un evento importante, ni el vestido más increíble, ni un peinado y maquillaje de peluquería. Ese día entendí que el secreto de ser una “mujer fit” no es solo lo que usas, ni el físico, ni verte sexy, ni pasar miles de horas en el gimnasio, ni las dietas estrictas. Esto no es lo que eres, son solo las herramientas.  Puedo asegurarte que el verdadero secreto está en demostrarte que te amas y te aceptas cada día, en la manera en cómo te tratas y te halagas, te sacrificas, te esfuerzas, eres disciplinada, tienes actitud, en saber que no eres perfecta pero que vales mucho. Está en buscar la mejor versión de ti, en mirarte al espejo con respeto y serenidad, en saber que pase lo que pase tú tienes el poder de reconstruirte más hermosa por dentro y por fuera, y que, por supuesto, no puede faltar un gran toque de sensualidad. Cuando te sientes segura de ti, se nota. Cuando te sientes bien, brillas y a todos nos gustan las personas que brillan por sí solas e inspiran a otros a brillar.

    Para terminar, recuerda que somos lo que ponemos en nuestra mente, así que no te sabotees, haz ejercicio, come sano, ámate, disfruta el proceso y reconoce tus pequeños logros, así lo hago yo en mi día a día: me mantengo en movimiento, trabajo en mantener mi mente sana, en ser mejor, en aprender nuevas cosas, en romper mis límites y probar nuevas rutinas, en preparar nuevas recetas y mejorar mi alimentación. Atrévete a hacer cosas nuevas no te arrepentirás.

    Una de tantas historias incompletas sobre mujeres. Historia 10/12

    Autora: Karla Montalvo