Etiqueta: universidad

  • La sombra del sueño

    La sombra del sueño

    Por fin consigo llegar a casa después de un largo día corrigiendo exámenes en la universidad. Cierro los ojos intentando relajarme en la cama pero mi mente sigue totalmente activa, procesando, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. Tal vez aquel hombre rozase altos niveles de locura o algún tipo de enfermedad desconocida…no consigo olvidar su olor, su mirada…esos ojos inyectados en sangre que me contagiaron al instante una gran desesperación y un auténtico terror.

    Oscuridad…consigo acallar mi mente y percibo como mi corazón funciona a una velocidad descontrolada, haciendo que su sonido se expanda en la tranquilidad y en el silencio de la habitación.

    Un leve movimiento me desvela y me deja en alerta. La habitación empieza a cubrirse bajo un manto de sombras, sombras de una oscuridad abrumadora, sombras que dejan en humillación al mismísimo infierno. Busco una explicación lógica con mi cansada mente y llego a la conclusión de que el leve tráfico del exterior proyecta dichas sombras con los destellos de luz colándose entre las rendijas de las persianas bajadas.

    Frío…el vello del cuerpo se me eriza hasta el punto de rozar el dolor. Podría ser algo habitual, pero no en plena ola de calor a mediados de Julio. Dudo de que se trate de fiebre, dado que siempre que he experimentado enfermedades gripales mi cuerpo reacciona con un increíble dolor en las rodillas.

    Intento levantarme de la cama y mi cuerpo no reacciona, mis extremidades no consiguen moverse…comienzo a ser presa de un tremendo pánico irracional…

    El frío se intensifica y siento que mis pulmones comienzan a helarse lentamente. Mi respiración se convierte en pequeñas bocanadas ahogadas en busca de oxígeno… Las sombras se intensifican y muestran formas totalmente inhumanas y carentes de raciocinio. Quiero huir…quiero escapar de esta pesadilla pero algo me aprisiona, algo que no puedo ver pero que desprende un olor similar al azufre, un olor que me resulta familiar. De repente, surge un sonido que me taladra los tímpanos, un sonido mezcla entre una risa gutural y un gorgoteo similar al de alguien que se ahoga con su propia sangre.

    Siento como decenas de cuchillos trepan por mis piernas traspasando mi carne como si de mantequilla se tratase. Mi sangre y mis vísceras se escapan de mi cuerpo con la ferocidad de un depredador que lleva semanas sin comer, un depredador inexistente pero demasiado real. Grito con todas mis fuerzas para hacer visible mi desesperación y mi dolor, pero de mi garganta solo consigo sacar un grito ahogado unido a un sinfín de lágrimas que caen de mis ojos y empapan la almohada.

    Nadie me escucha…nadie va a venir…la cordura me abandona por completo y el horror se cuela hasta por el último poro de mi piel… Despierto sobresaltado en medio de un charco de sudor y lágrimas tras escuchar directamente en mi oído el más terrorífico de los rugidos. Me levanto de la cama sintiendo que el corazón se me sale del pecho…todo vuelve a la normalidad. Subo las persianas y me invade una sensación indescriptible de paz al contemplar la salida del sol por el horizonte, una sensación de paz que solo se ve perturbada por algo que se encuentra encima de mi cama…Mi cuerpo.

    Una de tantas historias incompletas de terror. Historia 1/12.

    Autor: Miguel Ángel Vera Gómez

  • Lasagna

    Lasagna

    Esta es la historia de Juanito. Juanito es un chico muy alegre, le encanta correr en el parque, pasear por las calles, jugar fútbol con sus amigos, ver películas y enseñarle trucos a su perro, “Penaldo”. Pero, sobre todas las cosas, a Juanito le encanta comer. Lentejas con arroz y queso, arroz con pollo, tigrillo, huevos revueltos con tocino, pancakes con miel, carne apanada con maduro frito, spaghettis con salchichas…y tantos platos más. Sin embargo, hay un plato que reina por sobre todos los demás. La primera vez que lo probó, era un domingo cualquiera. Juanito tenía 9 años y su mamá decidió hacer LASAGNA: Esas tres capas (mínimo) de pasta, bechamel, ragú y queso rallado a más no poder, hecha al horno para que el queso se derrita y quede crocante por arriba… mmm.

    Desde ese día, la vida de Juanito cambió para siempre. Cada evento especial, cada cumpleaños, cada domingo del año y cada miércoles (por si acaso) era día de lasagna. Y, como no podía ser de otra manera, una bandeja para la familia de cinco, y otra entera solo para él.

    15 años después…

    ¡Juanito se gradúa hoy de la universidad! ¡Qué alegría! ¡Será Comunicador! Hoy en la noche hay una cena en honor al graduado, y ¿adivinen el menú? Así es: Lasagna.

    Todos están reunidos en casa alrededor de la mesa. El pequeño “Leo” ladra sin parar de la emoción (Penaldo había fallecido un par de años antes ya de viejito) y Ángel, el padre de Juanito, levanta su vaso para dar uno de sus famosos brindis. “…siempre fue un buen chico…”, “…me acuerdo aquella vez que…”, “…te esperan cosas muy grandes…” ¡PUM! Alguien se desmaya. Es Juanito…

    2 horas después…

    Juanito había sufrido un infarto. Estaba en el hospital en Emergencias.

    – ¡Doctor! ¿Qué le pasó a mi hijo? – dice llorando Victoria, su madre.

    Señora, su hijo ha sufrido un infarto, probablemente a causa de su sobrepeso. Ha logrado despertar, pero debido al fuerte golpe que se dio en la cabeza al caer, no tiene memoria de quién es ni en dónde está.

    – ¿Y qué podemos hacer?

    – Ahora mismo debe descansar mucho y empezar a comer de otra manera muy distinta a como venía haciéndolo, porque si no, esto volverá a ocurrir.

    1 semana después…

    En casa.

    Juanito apenas se movía y seguía sin recordar nada. Su madre le estaba dando de comer las recetas que le habían mandado: caldo de pollo, sopa de verduras, papas hervidas con pollo, puré de coliflor con pescado al vapor, etc. Lloraba mientras hacía estas comidas porque sabía que a su hijo no le gustaban y lloraba más aún cuando le daba de comer y veía que él no reaccionaba.

    Un día, Victoria no aguantó ver a su hijo así ni un segundo más. Decidió hacerle lasagna. Estaba convencida que su plato favorito seguro lo animaría y no le importó lo que le dijeron los médicos.

    Juanito probó la lasagna y sus ojos perdidos de pronto enfocaron en su madre: “Hola Mamá”. “¡Ángeeeeel! ¡Juanito habló y me reconoció!, ¡ven rápido!”-gritaba Victoria-. Hablaron de todo. Les dijo que todo este tiempo estaba consciente de todo y que los escuchaba, pero que no podía decir nada. Estaba muy triste por lo que había pasado y prometió cuidarse más para que no vuelva a suceder.

    Llevaban hablando unas 2 horas cuando otra vez Juanito dejó de enfocar y de hablar, y volvió al mismo estado en el que se encontraba antes de comer la lasagna. Su madre, desesperada no sabía qué pasaba, pero algo dentro de ella le decía que fue la comida. Sin pensarlo dos veces, Victoria volvió a preparar otra bandeja de lasagna al día siguiente, y otra vez, y otra vez, y otra vez…y cada día pasaba lo mismo: Juanito comía, volvía en sí y se iba 2 horas después…

    Desde ese día, la vida de Juanito acabó para siempre.

    Una de tantas historias incompletas sobre comida. Historia 9/12.

    Autor: Diego Méndez.

  • Minuto 25

    Minuto 25

    Hola, soy Javi y soy futbolista. 

    Cuando me gradué del colegio me ofrecieron una beca para estudiar en una de las mejores universidades en Estados Unidos y pertenecer a su equipo de fútbol. ¡Era mi sueño de toda la vida! 

    Nací en una familia de clase media alta. Mis padres siempre me trataron bien, me dieron todo lo que se necesitaba y quería. Tenía muchos amigos y por el fútbol era de los “populares” del colegio. En las notas tampoco me iba nada mal. Tenía muy buenas referencias de todos mis profesores cuando apliqué a la Universidad. La verdad es que no puedo quejarme. Me llevaba con todos, me querían y estaba haciendo lo que me gustaba. 

    Una vez graduado, me llegó una carta de la ‘U’ invitándome a ir un mes antes de empezar las clases para conocer el campus y a mis compañeros de equipo. La experiencia iba a ser genial. 

    El entrenador me recogió en el aeropuerto y me llevó a la residencia donde todos los del equipo vivían juntos. En el camino me explicó sobre los valores de compañerismo, amistad, trabajo y tolerancia, que eran los pilares del éxito del equipo y que siempre debía tener en cuenta. Yo le contesté que no se preocupe, si algo puedo hacer bien, es llevarme con la gente y sacar lo mejor de ellos y de mí. 

    -Hola, mucho gusto. 

    ¿Qué tal? 

    What´s up? 

    Yow dude! 

    Todos eran de varios lugares, algunos blancos, algún inglés, pero la gran mayoría eran latinos, como yo. 

    Apenas empezamos a hablar, ya vi que nos llevaríamos muy bien. Todos eran buenas personas e inmediatamente sentí estar con mis “panas”. No importaba que seamos de varios lugares. 

    Esa misma tarde, cuando el entrenador ya se había ido se me acercó Marco, un chico de 22 años, de México. Estaba cursando su último año de universidad y era el capitán del equipo. Me dijo que era tradición la primera noche de un “rookie” que salieran todos de fiesta y, como estábamos en plena época de mundial, saldríamos primero a ver el partido Ecuador – Italia en mi honor y, por ser mi bienvenida, tomarnos unas cervecitas.  

    Todos fueron con cualquier prenda amarilla que encontraron. Yo, obviamente, con la camiseta de la selección. Entramos al bar latino de esos deportivos y cogimos una mesa. El sitio estaba a reventar. 

    ¡Hey “rookie”, es tu bienvenida, pero tú pagas la primera ronda! 

    Así empezó la tarde antes del partido. Cuando arrancó el juego ya estábamos bastante entonados y lo estábamos pasando genial. El ambiente, genial. Las chicas, geniales. La cerveza, genial. Todo genial. 

    Entonces sucedió… 

    Comienza el partido. 

    …Minuto 1. Casi gol de Italia. 

    -¡Cuidado! ¡Hey! Vamos negritos. 

    …Minuto 5. Fuerte falta a un jugador de Ecuador. 

    -¡Oye árbitro! ¡Saca una tarjeta, mierda! 

    …Minuto 8. Otra vez, casi gol de Italia. 

    -¡Mierda esa defensa! ¡Corran! Para lo mucho que “disque” corren… 

    …Minuto 23. Casi gol de Ecuador. Oportunidad clarísima. El delantero lo falla garrafalmente.  

    -¡Noooo, no puede ser! ¡Negro hp, cómo te vas a jalar eso, maldita sea con estos negros de mierda! 

    …Minuto 25. Gol de Italia. 

    ¡Claro…estos negros y longos vagos! ¡Si no sirven para nada! 

    Aquí cambió todo. 

    Todo el mundo enmudeció, mis compañeros me veían fijamente y el dueño del bar vino y me pidió que me vaya del local. Yo no entendía qué pasaba y traté de hablar con él, pero por no armar lío, mejor salí. 

    Afuera, mis compañeros me preguntaron que cómo era posible que dijera esas cosas tan desagradables, que por suerte los pocos que no hablaban español y eran negros, no entendieron, sino se armaba una buena pelea. Yo solo respondía: pero, ¿qué dije? Solo estaba viendo el partido tranquilamente, es normal hablar así en mi país y nunca he tenido problemas por eso. No entiendo por qué hacen tanto problema de esto. Su respuesta fue fulminante: El problema eres TÚ. NO QUEREMOS GENTE ASÍ EN NUESTRO EQUIPO. 

    Al día siguiente, el entrenador se enteró de lo sucedido, y muy poco después, estaba en un avión de vuelta a mi país… 

    Esta corta experiencia me abrió los ojos. Me he dado cuenta que viví toda mi vida en una sociedad que ha normalizado el odio a otras razas, excusándose en cualquier situación social para despotricar contra ellos. 

    “Negro de mierda” 

    “Longo vago” 

    “Indio sucio” 

    “Inmigrante ladrón” 

    Etcétera. 

    Y no puedo ni imaginarme qué otras cosas similares suceden también… 

    Hola, soy Javi y soy futbolista racista. 

    Una de tantas historias incompletas de fracaso. Historia 4/12

    Autor: Diego Méndez

  • Resolución favorable

    Resolución favorable

    Aquel verano estaba siendo bastante extraño. Solía ser costumbre en su familia viajar por Europa. Entre todos elegían un país y, los días que allí pasaban, se dedicaban a visitar las zonas más turísticas. Los padres de Álex en ocasiones hacían amigos durante las excursiones de forma que si todo iba bien, al año siguiente, repetían: mismas personas pero distinto destino. A Álex aquella forma de viajar no le entusiasmaba demasiado, más bien se convertía en una rutina marcada por tiempos y lugares que previamente alguien que no le conocía había planificado para él sin saber prácticamente nada de su personalidad, gustos o forma de ser.

    Años atrás, un día, en una de aquellas agotadoras y estandarizadas rutas veraniegas, Álex se perdió por las calles de Praga. Durante los escasos 10 minutos que permaneció alejado del grupo, se adentró en una calle poco concurrida. Álex, con apenas 9 años, transitó por ella durante escaso tiempo, pero lo suficiente para fijarse en cada una de las fachadas de aquellos impresionantes edificios, en un señor que con su bolsa de tela salía del supermercado o en una señora que paseaba con su nieta mientras hablaban en un idioma incomprensible. También había llamado su atención una pequeña librería, en la que sus amplios ventanales dejaban ver desde el exterior una magnífica colección de libros, además de láminas, probablemente obra de artistas locales.

    Poco duró su alegría, pues fue encontrado por el grupo, que retomó su ruta con el correspondiente enfado de la madre de Álex. Lo que para sus padres fue una anécdota más que contar de aquel viaje a Republica Checa, para Álex tenía un significado diferente. Aunque aquella calle no aparecía en ninguna guía turística, para Álex, sin duda, había sido su gran descubrimiento.

    Aquel verano estaba siendo bastante extraño y el destino había establecido un nuevo sitio para él y sus padres: una pequeña casa que acababan de heredar de los abuelos, situada a escasos kilómetros de San Sebastián. Los padres de Álex habían decidido pasar unos días allí antes de que su niño, como así le llamaban, empezara a estudiar medicina, ya que consideraban que había sido un año realmente duro para su hijo. Durante dos años había estado preparándose para estudiar medicina, sin embargo, una vez realizado el examen de acceso a la universidad la nota no había sido suficiente para acceder a una universidad pública. A pesar de ello, sí alcanzaba para una buena universidad privada. No suponía un problema para la familia, con un poco de esfuerzo era factible llevarlo a cabo.

    Aquella mañana de agosto, Álex, nada más despertarse, cogió su bicicleta, pedaleó unos pocos kilómetros y llegó a la playa. En su móvil tenía la notificación de la resolución de traslado de expediente: favorable. Acto seguido llamó al piso que en unos días sería su nuevo hogar para confirmar que todo estaba correcto. Allí, sentado frente al mar, barajaba las enormes posibilidades de las que disponía para comunicarles a sus padres la noticia. Igual que aquella historia de un joven que se había adentrado en los bosques de Alaska para terminar viviendo en un autobús durante 4 meses. Sin embargo, sus padres no entenderían nada y lo que ellos definirían como estupidez, él lo veía como realización. La forma de comunicarlo empezaba a ser para Álex más quebradero de cabeza en sí que toda la gestión previa que había realizado.

    Su padre, obcecado en la necesidad de que su hijo estudiara medicina, había pedido más que un favor para agilizar los trámites administrativos. Ya había realizado el pago de la matrícula y el primer mes. Pese a todo, Álex, nada más cumplir los 18, cambió su expediente de forma que los siguientes cuatro años pasaría a estudiar lenguas muertas. Aquella historia del joven en Alaska que había leído unos días atrás, le había cautivado por completo. Una historia romántica que había provocado la misma melancolía en otros jóvenes de su edad, hasta el punto que el Departamento de Recursos Naturales de Alaska había decidido retirar el autobús tras convertirse en ruta obligatoria de peregrinaje.

    Aunque a Álex no se la había pasado ni por asomo adentrarse en los peligrosos bosques de Alaska en busca del autobús, sí que había supuesto un punto de inflexión para él. Medicina no le gustaba en absoluto a pesar de que podría ofrecerle lo que sus padres consideraban un acierto: un puesto de trabajo seguro y bien remunerado. Por otro lado, lenguas muertas apenas tenía salida laboral y los escasos trabajos que podía desempeñar no estaban precisamente bien pagados.

    Mientras Álex decidía cual iba a ser la fórmula más adecuada para comunicárselo a sus padres, divagaba sobre todos los pasos que le habían hecho llegar a aquel punto. Quizás aquella recóndita calle de Praga donde la luz del atardecer indicia de forma peculiar fue el inicio de su camino personal. A pesar de que todo el mundo lo había achacado a un despiste, Álex sabía perfectamente que haberse desprendido del grupo había sido intencionado. Inclusive se podría llegar a considerar un pequeño acto de rebeldía que para aquella edad había sido más que suficiente.

    La decisión de cambiar de carrera no había sido tomada a la ligera. Álex tenía la convicción de que la ruta de cualquier persona debía ser la coherencia con uno mismo, de forma que su peculiar brújula de viaje en lugar de marcar un norte, sur, este y oeste; estuviera marcada por lo que se piensa (pensamiento), lo que se dice (expresión), lo que se hace (acción) y lo que se siente (percepción).  Sus padres, por otro lado, habían sucumbido a las vidas programadas, aquellas en la que los tiempos y las acciones están marcadas por lo que en la sociedad de ese momento, impera. Álex sabía desde hacía tiempo que a pesar de que él y sus padres hablaban el mismo idioma estaban abocados a no entenderse. El significado de los conceptos, diferían. Mientras que para Álex fracaso suponía no ser coherente consigo mismo, para sus padres, fracaso es el paso que su hijo iba a dar.

    Una de tantas historias incompletas de fracaso. Historia 3/12

    Autora: Cristina Langa

  • La prueba

    La prueba

    La universidad se empezó a llenar de volantes por todas partes. Columnas, puertas, ventanas, escritorios. Me acerqué a leer uno de ellos. Decía: 

    “HE VIAJADO A OTRA DIMENSIÓN. 

    TENGO PRUEBAS. 

    AUDITORIO PRINCIPAL 17:30. 

    LOS ESPERO” 

    Algún loco de esos que siempre hay en las universidades que quiere llamar la atención, pero… para qué más estoy en la U sino para divertirme con tonterías sin sentido. Seguro iré. Por lo que veo todos piensan igual porque nadie para de hablar del volante y de que irán a ver de qué se trata. 

    17:30. 

    Entro al auditorio. 

    Justo. No hay donde poner un pie. Está lleno de alumnos, aunque me sorprende que también de varios profesores. Me paro en la última fila por si es una tontería y así me salgo antes. 

    5 minutos…10 minutos…15 minutos…  

    La gente se impacienta y empieza a silbar. Justo ahí sale al escenario una chica. Su pinta es como de científica loca, tipo el Doc Brown en Volver al Futuro. Se para frente a todos. Nos callamos, y empieza: 

    “He descubierto un agujero negro que me permite ir a realidades alternas. Ayer lo probé y funcionó. He estado viajando por diferentes dimensiones y hoy he vuelto para mostrarles la prueba” 

    Nos empezamos a ver entre todos con caras de “¿y ahora, ésta loca?”. 

    Mete la mano en su bolsillo y saca una flash memory.  

    La conecta al equipo y pone play. Es un vídeo.  

    Es una grabación de una sesión del congreso de diputados. 

    Todos nos miramos a la cara y algunos empiezan a decir “¿y esto qué es? Es una tomadura de pelo. Qué tontería…” 

    Inicia el vídeo. Parece como cualquier sesión de congreso normal, los mismos políticos, todo lo mismo. 

    Presidente de Congreso: “Inicia la sesión” 

    El presidente toma la palabra y empieza: 

    “Nuestro plan de gobierno es simple. Queremos que la gente tenga vivienda digna y segura, más empleos y con mejores sueldos. Queremos que bajen los arriendos y la gasolina. Queremos que las personas que busquen refugio en nuestro país lo hagan sin prejuicio de nadie y con oportunidades laborales y sociales. Queremos que la educación sea de calidad y accesible para todos. Queremos que nuestro de sistema de salud sea altamente eficiente, gratuito y con capacidad para atender a todos. Queremos crear una sociedad igualitaria para hombres y mujeres y queremos que nuestro planeta se encuentre en las condiciones que necesitamos para poder prosperar como planeta.” 

    Tiempo de discurso: 30 segundos. Algunos empiezan a murmurar. 

    “¿Y esto qué prueba?” 

    “Qué tontería. Lo mismo dicen siempre” 

    “Esto no prueba nada” 

    “Yo me voy. Esto es una farsa” 

    “¿Sólo habla 30 segundos? Mmm…” 

    Continuamos viendo el vídeo. Se levanta el representante de la oposición, empieza: 

    “Nos parece bien que quieran más trabajos y mejores sueldos para los empleados, pero no se olviden de los empresarios también, necesitamos apoyarlos para que crezcan y así se crearán esos trabajos. Es bueno que la gente que entre a nuestro país tenga protección social y laboral, pero no se olviden de crear oportunidades y de cuidar a nuestros propios compatriotas también. La educación debe ser de calidad y accesible y debe enfocarse en nuestra historia común para poder tener sentido de pertenencia y orgullo nacional también. Es verdad que la salud debe ser gratuita y de calidad, pero busquemos formas de generar fondos para que nuestra sanidad no dependa solamente de subir impuestos para que pueda auto sostenerse. La sociedad debe ser igualitaria, aunque no debemos crear esta igualdad quitando a unos, sino dando a los dos. El planeta debe ser protegido por todos. Si ustedes están de acuerdo con nuestra propuesta, a nosotros nos parece bien su programa de gobierno”. 

    Tiempo de discurso: otros 30 segundos aproximadamente. Ahora ya escuchaba cosas con más duda. 

    “¿Ha hablado solamente 30 segundos también?” 

    “¿A la oposición le parece bien el programa de gobierno?” 

    “Casi hasta parece que se llevaran bien…” 

    “Igual esto no prueba nada” 

    Continuamos viendo el resto del vídeo. El presidente retoma la palabra: 

    “Sus sugerencias nos parecen más que razonables y constructivas. ¿Qué les parece si después de la sesión de Congreso, tomamos un breve descanso e INMEDIATAMENTE después nos ponemos JUNTOS A TRABAJAR?” 

    Todos en el auditorio nos quedamos sin palabras… 

    Una de tantas historias incompletas de SCI-FI. Historia 2/12.

    Autor: Diego Méndez