Etiqueta: sabores

  • Un viaje con sabor, en el tiempo y espacio

    Un viaje con sabor, en el tiempo y espacio

    En la novela de ciencia ficción de H.G. Wells ‘La máquina del tiempo’, hay una frase cautivante: “Los científicos saben que el tiempo es una forma de espacio y que podemos ir hacia adelante y hacia atrás en el tiempo, como lo hacemos… en el espacio». Cuantos quisieran poder viajar en el tiempo para darle un abrazo a aquella persona que ya no está y despedirse por última vez, o saber que depara el futuro de la humanidad.

    En la actualidad es imposible moverse en el tiempo, sabemos que el presente es real y el pasado solo existe si hay recuerdos de él. Estos recuerdos están asociados a múltiples razones, los cuales se relacionan a ciertos eventos que quedan entrañablemente en nuestra memoria, otros simplemente nos vienen a la mente al rememorar ciertos lugares, acontecimientos y en particular a la comida. ¿Quién no ha relacionado los sabores y aromas de la comida con una tradición, lugar o emoción? La comida como forma de vida y parte esencial de ella, se ha convertido con el paso del tiempo en parte de la identidad de los pueblos y costumbres, a través de ella se pueden conocer las características sociales, culturales y económicas de ciertas regiones, llegando a formar parte de un patrimonio intangible que acompaña el invaluable aporte de estas comunidades. La comida forma parte de las tradiciones, de los rituales, de las creencias, de la memoria colectiva y de la cotidianeidad de un pueblo.

    Gracias a la globalización y las nuevas condiciones del mercado es posible encontrar en un mismo lugar comidas de distintas partes del mundo, y, como si fuera un viaje, con el simple hecho de probar la comida se puede establecer una relación con sitios o recuerdos, así, cuando se degusta un crepé de chocolate se piensa en Francia; la tortilla de patatas, en España; la arepa rellena, en Venezuela, o el chocolate fino de aroma, en el Ecuador. Todos son sabores inconfundibles, únicos y son una experiencia que crea sensaciones de pertenencia con el lugar.

    Pero estos sabores, tal como si fuese una máquina del tiempo, te transportan a emociones muy íntimas y cercanas, aquellas con las cuales creciste y que te han acompañado durante la vida, forman parte del viaje y, al final, se quedan como un fiel compañero. Es muy común escuchar frases del tipo: “Esta comida sabe a la Abuela Natica” o “sabe a la tía Ángela”. Los sabores vienen asociados a personas que fueron parte en algún momento de tu vida. Así, la comida te lleva directamente a tu niñez o adolescencia, es como estar físicamente en un lugar y emocionalmente en otro, haciendo un guiño a la teoría de la física cuántica que asegura que una partícula pueda estar en varios lugares al mismo tiempo.

    La comida familiar del Domingo antes de ver el futbol, la pizza compartida con los amigos en las largas noches de estudio, la comida de mamá al llegar a casa luego de pasar todo el día en la calle, los asados con los amigos, el sancocho en casa de los suegros, en fin, son recuerdos que nos permiten viajar en el tiempo y volver a sentir las mismas emociones.  

    Entretanto, mientras los científicos siguen en la búsqueda de la máquina del tiempo -aún una esperanza lejana, pero no imposible -, buscando las maneras de descifrar el código que abra la puerta, nosotros seguiremos viajando al pasado a través de los sabores que nos han acompañado y hemos atesorado como un maravilloso recuerdo.

    Una de tantas historias incompletas sobre viajes. Historia 2/12.

    Autor: Dorian Romero

  • Mi aroma preferido

    Mi aroma preferido

    Para mí no existe otro olor como el aroma del ajo recién molido con cebolla en una sartén bien caliente… anuncia el preámbulo de una buena comida.

    No sé en qué momento me empezó a interesar la cocina, solo sé que, desde muy pequeño, mi madre me enseñó a preparar comidas fáciles de aprender para que, “algún día no me muera de hambre”, decía ella.

    Preparaba cosas adaptadas a la edad que tenía, nada muy complicado. Muchas veces hacía desayunos para mi hermana y para mí. Recuerdo que ella me pagaba 10 pesos y para mí era muy divertido. Con la edad, poco a poco fui adquiriendo conocimientos culinarios, cocinaba para mis amigos del trabajo platillos como ceviches o ensaladas de mariscos; incluso hasta practicaba las preparaciones que había cocinado anteriormente para alguna reunión con otro grupo de amistades.

    Sin embargo, no fue hasta hace poco cuando decidí involucrarme de lleno en el mundo de la gastronomía y he aprendido a desarrollar platillos más evolucionados. Lo que empezó como un juego, se ha convertido en un modo de ganarme la vida. Y eso que mi camino no iba precisamente en esa dirección, también tengo un grado de ingeniería, la carrera que estudié. Pero la vida es así, lo que me apasiona es crear sabores, texturas, aromas y experiencias en una cocina. Pronto terminaré mi curso de gastronomía y siento que mi vida se completa.

    Mientras escribo estas líneas, mi país, México, festeja sus fiestas patrias. La especialidad de mi casa son los chiles en nogada y el tradicional pozole. Para mí los chiles son templos verdes que guardan un delicioso tesoro cubierto en salsa de leche. Estas recetas las aprendí gracias a mi madre a quien, además de deberle mi vida, le debo también la herencia por ese gusto inexplicable de mezclar ingredientes para crear platillos nuevos y emocionantes. 

    Hoy puedo decir que siento que encontré en la cocina la pieza que faltaba en mi vida profesional. La cocina me ha enseñado a conocerme a mí mismo.

    Una de tantas historias incompletas sobre comida. Historia 6/12.

    Autor: Moi Nuñez.